LO SEMEJANTE ES AMIGO DE LO SEMEJANTE

Educac2

Rosa Ortega Serrano

Soy una mujer de cierta edad y en los últimos meses he sufrido en silencio como crece la insolencia política. Se puede decir de todo y a todas horas, sin contentar a nada ni a nadie, sin decoro y sobre todo sin vergüenza: la culpa la tiene el otro; él miente, yo solo cuento mi verdad; si bajo la guardia, se me cuela en el gobierno; no nos interesa lo público pero vamos a trabajar por el bien común; donde dice violencia de género vamos a poner violencia intrafamiliar y después ya veremos; la inmigración es un problema aunque de ellos dependa la productividad de mi empresa; en el norte de Europa las viejecitas salen corriendo de los hospitales por si les aplican la ley de eutanasia, mi partido no se ha movido ni un milímetro y bla, bla, bla. ¡Todo esto y mucho más tenemos que soportar ! 

 

Preferiría no hacerlo, como decía el escribiente de Melville. Preferiría seguir ilusionada con el progreso social, la economía comunitaria, la transición ecológica, la sanidad y educación pública, la limpieza de los fondos marinos, la igualdad entre hombres y mujeres y un largo etcétera. Pero como convoquen nuevas elecciones no sé si encontraré el sentido de mi voto. 

Este mes de calor y vacaciones en el que hablar de política es hablar de pactos y pactar es algo así como hacer amigos interesados, acudo a Platón (Atenas, 427 – 347 a. C.) que decía que no puede existir amistad más que entre los buenos y que el malo, en cambio no podrá tener amistad verdadera ni con los buenos ni con los malos. Puede ser lo malo lo que les una, como ocurre en la Comunidad de Madrid, pero entonces nunca serán amigos, ni tan siquiera estarán de acuerdo consigo mismos, por ser siempre “furiosos y desequilibrados”. Ahora bien: lo que ni tan siquiera tiene una semejanza y un acuerdo consigo mismo no podrá tampoco semejarse a otro ni ser amigo de este otro

Espero que este galimatías pseudofilosófico despierte recelos y vuelva precavidos a los incautos, inseguros a los confiados y sensatos a los que votan a la extrema derecha.

“Los primeros indicios “ de Franco Bordino (Buenos Aires, 1989) para endulzar las tardes de investidura:

BOLIVAR

Pronto veré las calles, las palmeras,

Las casas bajas sobre el horizonte,

El manto silencioso de la noche

Bordado con miríadas de estrellas,

La cara conocida de un amigo

Que se reanuda rápido y conversa

Como si el tiempo no nos sucediera

Y todavía fuéramos los mismos.

En el camino, admiro la infinita 

Demora de la pampa que se estira

Bajo la marcha ansiosa del vehículo.

Desdice mi memoria los legítimos 

Papeles y sus hechos. Yo he nacido

 

En el pueblo que evoco y no he perdido.

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