(NEO) MACHISMO

ChiomoMarcos14

Chimo Marcos 

Difícil columna ésta para hablar de algo tan manido, tan trillado como es el Machismo (así, con mayúscula) Aunque ya escribí sobre este espinoso tema,  que lo es para la humanidad a gran escala, pero de especial virulencia en nuestro país,  en España y sobre todo en estos tiempos actuales, cuando se ha desatado una cruzada contra el abuso más que repetido contra la mujer, contra las chicas, de hecho cada día hay más ataques contra jóvenes, a pesar de que parece que los chicos se van   acostumbrando a tenerlas algo más de respeto, pero que a las primeras  de cambio se disparan con mayor encono cuando hay abandono, separaciones en suma de la mujer de su pareja.

 

Casi  todo el que eventualmente lo lea, me refiero a hombres,  tendrá sus ideas bien fijadas acerca de este tema, es casi seguro que no coincidirá con mis apreciaciones sobre esta lacra, que así es como considero yo la actitud que esta palabra refleja, pues las suyas serán o mucho más duras contra alguna de las causas o el origen del  machismo o más bien con la resultante que se da y que lo justifica culpando a toda o parte de la sociedad y de modo especial a los medios y a las costumbres que hoy definen a nuestra sociedad. Véase aunque no se le dé toda la importancia que sin duda tiene, la actitud del nuevo partido – VOX – en la cancha de juego de la política nacional.  Acaba de emerger con algo que será peor de lo que ha sucedido hasta ahora, al no creer que el  machismo español tenga nada que corregir y menos que pedir perdón o disculpas de cualquier nivel por el hecho de que exista, ya que bien traído está según está facción de la sociedad. 

El machismo no es otra cosa, al menos en principio, que la convicción por parte de los hombres y de muchas mujeres de que es la única forma en que una sociedad pueda existir, desarrollarse, etc. pues no es más, ni menos, que el reflejo de la situación que la naturaleza  ha dado a la humanidad.  Es decir, según esta teoría, suficientemente extendida en el tiempo y en cualquier espacio de que el más fuerte – físicamente fuerte – es el más obligado a guiar y defender a los más débiles: por definición, las mujeres. 

En consecuencia, si debemos ayudarlas, defenderlas, etc. ¿no será lo lógico que también seamos los hombres los que dirijamos, guiemos y en consecuencia mandemos sobre el resto de los vivientes, humanos o animales y en general, y ya puestos, sobre todo lo que hay sobre la faz de la tierra o en cualquier otra parte del cosmos?.  Oído esto, pero confrontado con el pensamiento del siglo XXI, ¿no suena un mucho arcaico, desfasado y,  finalmente,  machista? 

Hace menos de una hora, en la cola del kiosko para recoger mi periódico, un señor discutía con la kioskera sobre el derecho inalienable (según él) que el marido tenía para que su mujer le dejara ver lo que guardaba en su móvil. No me pude contener y, pidiendo perdón previo por mi injerencia, le dije que su mujer tenía que poder hacer lo que le pareciera más oportuno con su propio teléfono y nadie, ni siquiera su marido, como apuntaba querer decir aquel señor, podría privarla de esa libertad.  Repitió que aunque lo dijera con cortesía esa libertad no podía existir de una esposa para con su marido.  Discutimos, poco y siempre muy educadamente, pero lo hicimos durante algunos minutos, alegando yo, disintiendo él, sobre la libertad condicional (así la llamé yo) que le daba a las mujeres para disponer de la intimidad de su propio teléfono y, ante la continua sonrisa comprensiva (¿) de la kioskera me despedí repitiendo mis disculpas por la intrusión que había realizado y que fueron aceptadas por mi disidente. 

Me alegro que se produjera este mini incidente, que refleja, supongo, mi punto de vista sobre lo que el neo-machismo tiene hoy de asentado en gran parte de nuestra población masculina. 

 

Si, señores (y también algunas señoras) el machismo, en nuestro país, es algo tan (me atrevo a decir) consustancial con el espíritu masculino que disentir de ese aparente axioma es hacer gala de “nenaza”, o cualquier otro apelativo que refleje inconsistencia con el deber del hombre español para consigo mismo y de rebote para “cuidar” de la mujer. 

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