¿TRABAJO DIGNO?

Francisco Cerdeño Isabel
«Me matan si no trabajo y si trabajo me matan» Atahualpa Yupanqui entiende que los comunistas no luchamos contra el capitalismo porque este sea injusto, que también, sino porque es absurdo que el trabajo , es decir, nuestra forma de estar y ser en el mundo, de relacionarnos con la naturaleza, de encontrar en ella los recursos para nuestra subsistencia, se constituya bajo el capitalismo, en una condición sometida a la voluntad de quienes detestan, usurpan, gestionan y usufructúan los medios de producción. Es algo absurdo, como si para respirar hubiera que pedir permiso a los propietarios del aire (que todo se andará), que de la decisión de otra persona dependa la posibilidad o imposibilidad de trabajar, es algo tan ilógico, disparatado e inadmisible que hay que estar muy enajenado (y lo estamos) para aceptar que alguien sea propietario y dueño de esa decisión.
«Aunque sin saber por qué razón, cavamos con ilusión» (canción de los siete enanitos de Blancanieves). ¿Cómo puede entenderse que para ganarnos la vida hayamos de acudir a la decisión de esos capitalistas que atesoran esos medios de producción? La propiedad privada nos ha vuelto tan estúpidos que estamos dispuestos a vendernos, es decir a aceptar «libremente» dejar de ser hombres, personas humanas, para convertirnos en mercancía, en recursos para la producción de bienes que no controlamos. Como señala Marx «el trabajo es externo el trabajador, o sea, no pertenece a su ser, por tanto el trabajador no se afirma a sí mismo en su trabajo; el obrero no se pertenece así mismo, sino a otro». «Cavar, cavar, cavar, cavar y no menoscabar» (canción de los siete enanitos de Blancanieves).
Hablar por tanto de trabajo digno bajo el capitalismo parece algo incoherente para todo aquel que se reclame del marxismo: Que te den trabajo no deja de ser una expresión humillante, ganarse la vida no deja de ser una expresión terrorífica, un atentado verbal contra la dignidad humana, porque de que dignidad puede hablarse si el trabajo depende de que los dueños de los medios de producción te «concedan» el honor de «trabajar para ellos». Se dice que el trabajo dignifica, si, a los empresarios; se dice que el trabajo nos hace libres, si, a los capitalistas, se nos dice por activa y por pasiva que el trabajo da sentido a la vida, y si, debería, pero bajo el dominio del capital el único sentido de la vida posible es el que ese mismo capital nos impone, fabrica y vende.
«Siempre me matan, ¡¡ay!! Siempre me matan» Atahualpa Yupanqui.
Bajo la cultura del capitalismo el trabajador se auto-observa el mismo como capital, pues la praxis capitalista nos lleva fácilmente a pensar que nuestra fuerza de trabajo es un capital que negocia y dialoga con el capital de quienes poseen los medios de producción, nos convertimos así en un capital que necesita ser capitalizado, subsumido por un capital ajeno por la vía de esa institución que se llama contrato, llegamos a pensar que el trabajo es el resultado de una negociación entre capitales: el propio del trabajador y el propio de la empresa. En ese contexto capitalista la dignidad del trabajador descansaría sobre la posesión de ese capital fuerza de trabajo. Trabajo digno significaría por tanto contrato digno. El solapamiento entre trabajo y contrato se vuelve así el espacio que permite hablar de dignidad, y desde esa premisa serían los sindicatos los que tienen la responsabilidad de mantener los niveles de dignidad que ellos mismos, como representación de los trabajadores, determinen.

Sé el primero en comentar sobre "¿TRABAJO DIGNO?"

Dejar un comentario

Tu dirección email no será publicada.


*