Al ser nombrado como ave del año, recupero el texto de otoño de 2021 y, haré alguna modificación sobre todo comentando el motivo por el que ha sido elegido por votación popular. Así decía:
En el mundo de la ornitología hay especies comunes, muy conocidas y populares pero, no por ello dejan de atraer nuestra atención cuando las vemos a través de los oculares de los prismáticos. El protagonista de este mes, el Jilguero europeo (Carduelis carduelis), es un claro ejemplo. Conocido en muchos pueblos como “colorín” debido a los diferentes tonos de su plumaje… (Seguir leyendo en Senda Norte publicado el 28-10-2021, enlace https://www.sendanorte.es/2021/10/28/aves-de-la-sierra-norte-el-jilguero/)
Al no disponer de mucho espacio en la edición impresa, tengo que remitiros a aquel texto, ya que esta especie en concreto es un buen ejemplo de un ave muy común, presente tanto en campos como ciudades, que se ve amenazada por prácticas humanas que deberíamos cambiar, no solo por los jilgueros sino por todo lo que representan, en la conexión que debería existir entre nosotros y la naturaleza. Resulta que la población de estas aves habituales en los cardos, de ahí su nombre científico, está disminuyendo alarmantemente y aunque sigue estando catalogada como Preocupación menor, la tendencia poblacional es negativa. Como en otros casos de pájaros que se nutren de insectos, le afectan mucho los productos químicos, utilizados cada vez más en la agricultura: plaguicidas y herbicidas llegan finalmente a su aparato digestivo y aquí deberíamos hacer una reflexión más global, ya que en nuestra alimentación aunque de modo escaso, también están presentes estos productos.
Pero además y en el caso particular del también llamado golorito o cardelina, su principal perdición son, y han sido desde hace tiempo, las capturas ilegales para la práctica del silvestrismo, debido a su bonita coloración y variado canto. Hacer hincapié en que esta práctica se prohibió recientemente en todo el ámbito de la UE siguiendo la Directiva de Aves, desde el 2023. Sólo se tienen en cuenta algunas excepciones como por ejemplo la cría en cautividad con fines conservacionistas, que tampoco sería necesaria si no hubiera especies en peligro de extinción, que casi siempre llegan a esta situación por motivos humanos. Entre los que abogamos por el respeto a la naturaleza, tratando de interferir lo mínimo en ella, siempre hemos tenido claro que lo más gratificante es disfrutar de la presencia de los animales en libertad, no en una jaula. Aquí cito como ejemplo una canción tradicional de la cultura vasca, muy sencilla en su letra, titulada Txoria txori, que podríamos traducir como El pájaro es pájaro. El autor Mikel Laboa, nos cuenta de forma sencilla la ambición de poseer al pájaro cortándole las alas pero como dice el estribillo: Si le cortara las alas sería mío, no escaparía, pero así dejaría de ser pájaro, pero así dejaría de ser pájaro, y yo lo que amaba era un pájaro.

Reproduzco aquí también de aquel artículo la fase de la reproducción:
El ciclo reproductor comienza en abril y se extiende hasta agosto, realizando dos puestas por temporada; en algunas ocasiones hasta tres. En regiones más meridionales puede comenzar desde febrero. Al final del invierno, dentro de los bandos se producirán interacciones entre machos y hembras, acariciándose con el pico; tras esto el macho ofrecerá alimento a la hembra, previamente a la construcción del nido (muy elaborado y en el que la hembra pone gran esmero), en forma de copa y que emplazarán en ramas altas; utilizan materiales como pequeñas raíces, hierba y musgo que, revestirán posteriormente con pelusa y pequeños fragmentos de lana. Debido a su carácter gregario, muchas veces hay varios nidos juntos; aunque hay que comentar que esta especie posee fuerte carácter, lo que hace que de modo frecuente se peleen en vuelo, en posturas acrobáticas. Tras la construcción del nido llegarán las cópulas y después la puesta. Esta consta de cuatro a seis huevos, que incuba la hembra durante 12 o 13 días. Cuando eclosionen ambos adultos cebarán a los pollos, que salen del nido a las dos semanas aproximadamente. Aunque todavía reclamarán alimento a sus progenitores durante 7 u 8 días más. Se independizan sin haber adquirido aún el plumaje adulto, que completarán en la muda de otoño. Tras marcharse los jóvenes, los adultos inician de nuevo el ciclo con una segunda puesta.
Ayer mismo pude disfrutar durante un buen rato del canto de una pareja de jilgueros en un árbol de mi jardín en esta incipiente primavera y, lo viví mucho más que si estuvieran dentro de una jaula.
Los animales salvajes nunca deberían ser “domésticos”
Miguel Ángel Granado (Coordinador Grupo Local SEO-Sierra Norte)


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