OVEJAS, LANA Y TRASHUMANCIA. Por el Malandrín de la Puebla

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En el año 1273, Alfonso X El Sabio, reunió en una sola hermandad todas las mestas del reino, fundando el “Honrado Concejo de la Mesta”, para el desarrollo de la trashumancia y, de paso, el fomento y la creación de veredas, cordeles, cañadas y vías pecuarias para el traslado de los grandes rebaños de ovejas y cabras, desde la meseta y los terrenos resecos por los calores del verano, hasta los pastos frescos de las montañas del norte.

Durante la Edad Media, los reyes, nobles y clérigos, sobre todo de órdenes militares, poseían enormes rebaños que producían suficiente lana y carne, como para abastecer el mercado peninsular e incluso el europeo, por lo que obtenían enormes beneficios económicos.

Del cuidado de los rebaños, se ocupaban cuadrillas muy bien organizadas de pastores profesionales contratados, o peonadas que pertenecían a tal o cual castillo, población, monasterio, etc. por lo que eran siervos de señores, nobles o monjes; estas se desplazaban con los rebaños, por las vías pecuarias, durante semanas con carros, caballerías y perros, así como muchos de ellos con su familia al completo. 

Cuando la primavera llegaba a su fin, en los descansaderos se procedía al esquileo de las ovejas, para lo que era precisa la presencia de cuadrillas de esquiladores formadas por el “capataz”, que era el más capacitado para organizar el trabajo y cerrar los contratos; los “oficiales”, que eran los esquiladores que ejecutaban el corte; los “agarradores”, que tumbaban y sujetaban al animal para facilitar el trabajo del esquilador;  los “aprendices”,  jóvenes que se iniciaban en el oficio y que, generalmente eran hijos de esquiladores y los “lateros”, encargados de recoger y empaquetar, enrollándolos, los vellones de lana.

A estas ganancias procedentes de la lana, que obtenían los nobles, se unían las derivadas de los impuestos que cobraban por el “portazgo”, es decir; el derecho de paso (una especie de peaje) por el camino de entrada a poblaciones, cuyas puertas eran vigiladas por alguaciles. El “pontazgo”, que era el tributo que se había de pagar por cruzar ríos o barrancos por un puente, así como el “barcaje”, lo mismo por cruzar un rio a causa de la ausencia de puentes o para acortar camino y evitar rodeos.

De este modo, las ganancias de los poderosos eran enormes y así pudieron sufragar la construcción de castillos, casonas, puentes y hasta catedrales. No obstante, la trashumancia fue decayendo lentamente y prácticamente desapareció a mediados del siglo XIX, básicamente por la caída del precio de la lana y la decadencia del imperio español, de modo que muchas ovejas fueron vendidas e, incluso regaladas a otros estados por parte de la monarquía y la nobleza.

Desde hace décadas, no ha habido en España el menor interés por la ganadería lanar y su aprovechamiento, siendo residuales los rebaños existentes en nuestro país, todo ello a causa de llevarse a cabo unas políticas nefastas que nos están dejando a la cola del mundo. Aunque parezca mentira, no interesa demasiado la lana como recurso, con el enorme potencial que ésta ofrece, aunque parece que, últimamente la cosa va cambiando, pero de manera muy lenta. Está aumentando en número de esquiladores que, provenientes de otros países, como Polonia, Rumanía y Uruguay, siendo Extremadura, Castilla y León Navarra y Aragón, las CCAA con mayor número de esquiladores, unos 700 en la actualidad, que trabajan en nuestro país.

Como dato curioso, conviene recordar que, en el siglo XVIII, concretamente en el año 1.797, los oficiales británicos: el capitán Henry Waterhouse y el teniente William Kent, llevaron a Australia 29 ejemplares de raza merina, provenientes de los rebaños reales españoles, de Carlos III, que se adaptaron estupendamente al paisaje y clima del continente, reproduciéndose y siendo explotadas de manera inteligente por el oficial y empresario John MacArthur, que posteriormente importó más ejemplares, dedicándose a expandir y mejorar la raza en los pastos australianos. El hecho de que, a primeros de 1.900, se comenzaran a vender vellones a Inglaterra, convirtieron el principal producto de exportación de Australia (La mal llamada “famosa lana inglesa” …de origen español), que puso a Australia a la cabeza de la producción y venta de lana de oveja merina.

Las guerras napoleónicas, la primera y la segunda guerra mundial, fueron épocas gloriosas para la exportación de lana. A mediados del siglo XX, la proliferación de fibras sintéticas y la expansión del algodón norteamericano, produjeron un enorme bajón en la producción de lana australiana, que, por fortuna, poco a poco ha ido remontando, ya que, las fibras procedentes del petróleo, nunca podrán, ni por asomo igualar a un producto natural como es la lana como fibra textil que, y si, además, se trata bien al ganado, cuidándolo, mimándolo y alimentándolo adecuadamente, puede seguir siendo una alternativa interesante a dichas fibras sintéticas.

En la actualidad y para nuestro bochorno, Australia ha producido, durante las dos primeras décadas del siglo XXI, más de la mitad de la lana de oveja merina del mundo, mientras en nuestro país, con una geografía surcada por una enorme red de vías pecuarias, semiabandonadas y en muchos casos invadidas ilegalmente por carreteras, urbanizaciones, gasolineras etc. nuestra cabaña ovina languidece sin que nadie ponga remedio a ello y seguimos adormecidos, con el mundo rural abandonado, los campos poblándose de matorral muy proclive a incendios y un paro creciente en el campo, los pueblos, las sierras, al tiempo que ciertas políticas consiguen que nos aglomeremos en enormes e insalubres ciudades, gracias a esa inacción de políticos de todo pelaje, que solamente invierten su tiempo en insultarse, denunciarse y pelearse en tribunas públicas, en lugar de ocuparse del mundo rural.

Los pocos ganaderos que subsisten en nuestra geografía, se las ven y se las desean para dar salida a la lana procedente de sus ovejas, ya que nadie la quiere ni regalada, cuanto menos comprada. Sería de gran importancia la reactivación de esta industria tradicional, la modernización de las fabricas elaboradoras de labores de lana, así como el diseño y creación de ropas, mantas, capas, ponchos, fieltros, etc. así como de aislantes empleados en la construcción de edificios. Todo es ponerse…si queremos.

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