Creo que hay una rebelión clara en el teatro de objetos que se resiste a la mirada del espectador.
Sin saber muy bien por qué, y sin ser consciente de las distintas posibilidades que se le ofrecen, el espectador posa la mirada en esos otros mundos posibles: un universo de objetos tan familiares como desconocidos. Objetos próximos a la imaginación, remotos en el espacio y en el lugar donde se crearon; objetos alegres y pintorescos y, en definitiva, objetos inalcanzablemente misteriosos.
Y es que, muchas veces, el mundo de los objetos nos llega de carambola, ofreciéndonos un escenario ilusorio que nos aleja de lo conocido. Prueba de ello es lo ocurrido hace poco en la biblioteca de Bustarviejo, donde se vivió una experiencia llena de poesía. Una invitación al lenguaje inmersivo, a lo lúdico y a lo íntimo. Me refiero a esa práctica creativa que punza, arrastra y motiva; a ese trabajo artístico que sale de lo alienante y nos impregna de belleza.
Y qué importante es la práctica cultural y artística en las bibliotecas, y qué poco se habla de los artistas que lo hacen posible, y de los niños que, cargados de ilusión, vienen a vivir la experiencia.
Agradecimientos a Rita Tamborenea por ofrecernos un espectáculo de títeres lleno de historias divertidas: gracias al gusanito bailarín, que tantas cosquillas provocó; gracias a mamá gallina y su pollito; gracias al señor cansado, que no podía dormir por los ruiditos. Y, por supuesto, gracias, Rita, por mostrarnos el lenguaje mágico de las cosas.
Carolina Olivera
Biblioteca Municipal Jorge Martínez Reverte

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