La implementación de zonas de bajas emisiones, que nos lo han vendido como un beneficio sin parangón para la calidad del aire y la salud pública, acarrear algunos perjuicios para los ciudadanos, en las grandes ciudades. Entre los principales inconvenientes se encuentra la restricción de circulación para vehículos más antiguos, lo que obliga a muchos propietarios a invertir en coches nuevos o medios de transporte alternativos, generando un gasto considerable.
Claro está, como vamos todos sobrados de pingües beneficios, lo que nos permite cambiar de coche con una asiduidad pasmosa para el resto de la humanidad y así poder acceder a estas zonas sin ningún tipo de problema.
Este contubernio ideado por los grandes ayuntamientos y respaldado por los gobiernos, para sacarnos los cuartos, excusándose en nuestra salud. Como si les importara…lo que quieren es vaciarnos los bolsillos y punto al asunto. Además, estas áreas con restricciones, provoca que se frene la libertad de movimiento de las clases sociales más vulnerables en esas grandes ciudades.
Creen, que somos unos nostálgicos y que conservamos los coches por un amor irrefrenable hacia ellos. Pues ¡No señores! Tiramos con los coches porque no hay forma de comprar otro. Porque los sueldos no dan para más, y con esta carestía de la vida nos da para comer y, no a todos y todos los días.
Además, estas medidas afectan a autónomos y pequeñas empresas, que tiene que restringir sus trabajos a zonas interurbanas, pues muchas veces los vehículos que utilizan no pueden acceder a estas zonas. También existe el riesgo de que los pequeños comercios situados dentro de la zona experimenten una disminución de clientes, debido a las dificultades de acceso para quienes vienen de fuera.
Por último, es posible que surjan desigualdades sociales, ya que no todos los ciudadanos disponen de los recursos necesarios para adaptarse a las nuevas normativas, lo que puede generar sensación de injusticia o discriminación.
Este contubernio, hay que hacerle desaparecer lo antes posible, pues para los únicos que es rentable es para los ayuntamientos, que llenan sus arcas a base de multas. Nos gusta presumir de europeístas y adalides de las causas justas. Bien, pues copiemos a Francia, que está comenzando a repartir justicia, derogando las Zonas de Bajas Emisiones en TODO EL PAIS, tras cinco años de funcionamiento en algunas grandes ciudades. La medida, ya aprobada por la Asamblea Nacional, pende ahora solo de la aprobación de Tribunal Constitucional francés, pero todo indica, que concluirá con su tramitación, tras un año de debate político y judicial.
Bien, pues ya que tenemos unos políticos, que tanto se llenan la boca de europeísmo, progresismo y no sé cuántas cosas más acabadas en ismo. Pues que comiencen a fijarse en quien sí mira por sus ciudadanos. Esta bien pagar impuestos, porque sin ellos no puede haber servicios, aunque aquí los servicios de los que “disfrutamos” no estén acordes con los impuestos que pagamos y este no es un impuesto es un contubernio.
CONTUBERNIO: Un contubernio es una alianza, unión o pacto secreto, generalmente ilícito o reprochable, realizado por personas para conseguir fines cuestionables.
Bueno, pues todo esto que se hace con las Zonas de Baja Emisión, es completamente cuestionable, reprochable e ilícito, por ser un pacto secreto realizado en alianza, por algunos ayuntamientos y gobierno sacarnos los cuartos y restringir nuestra libertad.
Luis Fco. Durán Carretero

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