ANGEL MARTIN POMPEY

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Rafael de Frutos Brun – Montejo de la Sierra

El músico Ángel nació en Montejo de la Sierra el primer día de octubre de 1902 y doce días más tarde fue bautizado en su iglesia parroquial. Sus padres, Hilario Martín y Carlota Pompey, vieron desde muy niño el interés de Ángel por la música y consiguen que a los 15 años ingrese en el Real Conservatorio de Madrid para su formación musical. 

Allí, tuvo por maestros, entre otros, a Cubiles (piano), a Francés y a Bordas (violín), a Gaviola (órgano), a Saco del Valle (conjunto instrumental), a Forns (Historia y Estética), y a Del Campo (armonía y composición) que le ayudan en su afán de aprendizaje.

En 1931 obtuvo la Diplomatura en Composición, pero ya contaba con un amplio catálogo de estrenos iniciado en 1913, además de tocar en la banda municipal “El Requinto”, dominando también el laúd, la bandurria y la guitarra.

Desde el final de la Guerra Civil hasta 1943 asistió a Bartolomé Pérez Casas en su Cátedra de Armonía en el Conservatorio, a la que regresaría en 1961 por un breve período como profesor interino de composición.

Desde 1941 hasta su jubilación impartió Enseñanza Musical en el Colegio del Pilar, lo que dio origen a la composición de un gran número de obras corales y dramáticas dirigidas a la infancia. Paralelamente a su actividad creativa, fue crítico musical de los diarios Ya, ABC yde otras publicaciones musicales hasta su muerte, el 11 de septiembre de 2001, con 99 años de edad.

La Comunidad de Madrid le concedió la Medalla de Oro a la Composición Musical y en 1999 recibió el Premio Nacional de Música. Así mismo colocó una placa conmemorativa en la casa que habitó en la madrileña plaza de Pedro Zerolo.

Cuando en 1918 inició sus estudios de solfeo en el Conservatorio, todos sus compañeros y algunos profesores consideraron que, quitando su talento, su bagaje musical era escaso. Pero gracias a su esfuerzo y perseverancia consiguió hacerse un hueco en la Generación Musical del 27. Y eso que tuvo que combinar sus estudios con el trabajo en orquestas de salón, donde vivía inmerso en el mundo del cuplé y del sainete. Su primer éxito tuvo lugar en el año 1921 con su “Quereres primeros”mientras todavía era estudiante de solfeo. No hay que olvidar que don Ángel procedía de la España rural y que había recibido una instrucción fragmentada, debido también al peregrinaje familiar por diversas localidades de la Comunidad madrileña. Por este motivo, su evolución fue más lenta y retardada que la de sus compañeros porque todos ellos procedían de un medio burgués ilustrado y habían recibido una sólida formación humanística, razón por la que pudieron alternar y compartir proyectos con las élites intelectuales del momento.

Don Ángel, evita participar en los proyectos de los artistas de élite del momento por tener estos un sentido cuasi político de notoria filiación intelectual republicana y laicista, por lo que él prefirió vincularse a instituciones eclesiásticas, en cuyo entorno recibió importantes impulsos para su formación integral. La música religiosa está en el origen de su experiencia artística, y en el fondo de su carácter siempre hubo un impulso místico, que creció con el avance de la edad e impregnó sus últimas obras. Su apego a la Iglesia trascendía al ámbito profesional y respondía a un sentimiento genuino de religiosidad. El peso de la música sacra en su catálogo, con seis misas, una pasión, una cantata, un auto sacramental, varias obras sinfónicas de inspiración gregoriana y un sinfín de motetes y letrillas, entre otras composiciones, es tal, que lo convierte quizá en el compositor español que mayor número de obras puso al servicio de la Iglesia en varias generaciones. 

 Su obra no se hizo notar, a pesar de ser MUY NOTABLE. Aparte de sus “Quereres Primeros” (1921) habría que destacar: “El Rayo de Sol” (1923), “Sagrario la Cigarrera” (1934), “Aladino o la Lámpara maravillosa” (1943), “Hasta la muerte” (1946), “El Giro” (1949), “Beata Cándida” (1950), “El Santo de la Luna” (1953), “La Tarasca” (1956), “En busca del tesoro” (1962), “Halewyn” (1965) y “El Circo ambulante” (1967), además de 30 obras orquestales, 7 obras orquestales con instrumento solista, 9 obras orquestales con vocal solista, 14 obras orquestales con coro, 7 dúos, 5 tríos, 15 cuartetos, 4 quintetos y así hasta 60 obras más.

Su ópera bufa de un solo acto «La Tarasca» de 1956, publicada en 1998 (42 años después de escribirla) fue su gran éxito ante el exigente público aficionado al bel canto.  

Cuando nos dejó a los 99 años aún le quedaban en su mochila pentagramas que estaban esperando ser publicados para deleitar a los amantes de la música. Ya don Ángel había cumplido con su ilusión, su vocación su trabajo y su sapiencia habían llenado la copa hasta los bordes sin hacer un ruido, sin alharacas y sin alardes públicos. Él no hablaba. Hacía hablar al instrumento que tenía en sus manos. 

No todo el mundo sabe que a los 6 o 7 años, tocó ante Isabel Francisca de Asís de Borbón, hija de Isabel II y hermana de Alfonso XII, y conocida cariñosamente como “La Chata”, ya que ella apadrinaba a jóvenes talentos y gustaba de escucharlos. He tenido la suerte de ver la foto de aquel día, con un don Ángel guapísimo con su laúd en la mano. Fue un amante de su familia (el primero de una familia numerosa) y aunque no tuvo hijos sí tuvo tiempo de hacer un arreglo musical al cuento de Caperucita, que sus hermanos cantaban a sus sobrinos y que aun tararean y gustan de escuchar. ¡Qué detalle tan emocionante! ¡Qué humanidad tan grande! Y después de todo yo me pregunto: ¿Por qué esto que hago hoy no lo hicimos con don Ángel aun presente hace 25 años? Nunca es tarde si merece la pena. Ángel, llevaste siempre a Montejo en tu corazón y así lo demostraste donando al pueblo tres pinturas de tu patrimonio familiar depositadas en el Ayuntamiento; hoy se pueden observar en la Sala de Juntas. Montejo y sus vecinos te recuerdan, te respetan, te dan las gracias y estamos orgullosos de ti por tu recuerdo y por tu obra.

Septiembre 2021

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