MILLEIROS

RafaeldeFrutos250

Rafael de Frutos Brun

Montejo de la Sierra 2020 

La familia estaba formada el matrimonio, Matías y Martina y dos hijos. Él descendiente de gallegos de Milleiros que llegaron a Montejo (tal vez cuando se explotaban las minas de plata) o quizá buscando una vida mejor que la llevada allí donde el rio Miño empieza a rodar. Ella sus antepasados padres y abuelos de Montejo, familia trabajadora y humilde, como la mayoría de las familias del pueblo.              

El calor del verano empieza a amainar y Martina dice que piensa hacer la cochura del pan en la semana y necesita una carga de cañas de haya para calentar el horno, Pablo María Justo apareja la cabalgadura y camina hacia el chaparral (hoy hayedo) a por la leña que pide la madre. Era el 13 de agosto de 1924. Unos me cuentan que fue en las charcas de Hueco, otros que en el arroyo del Entablao donde Pablo encuentra un acebo con  las hojas pardas y debió de pensar que estaba seco. 

Se acerco al mismo le zarandeo y el acebo se vino sobre él empujándole al suelo, no fue el peso del mismo el que produjo el desenlace, sino el caer de espalda y fracturarse el cráneo. Al menos eso fue lo escrito por el médico al acercase con el juez y varios vecinos del pueblo llegaron al lugar donde Matias había encontrado a su hijo Pablo.

 

Llegó la hora de comer y Pablo no llegaba, esperaron a media tarde y el resultado el mismo, entonces Matías salió a esperarle por el camino de la pasada y Pablo no llegaba y marcho directamente al Chaparral. Paraje que está en umbría y anochece o se va el sol parece que más deprisa y allí Matías empezó la noche más larga de su vida. Con todas sus fuerzas empezó a llamar ¡Pablo, Pablo¡ sin obtener contestanción en el silencio de la noche más que el canto de “carabo”que es un ave nocturna. A Matías le parecía que aquel sonido  del ave llegaba de la Solana y hacia allá se dirigía, el ave al oír el ruido de la hojarasca que producía el calzado de Matías  al andar iba sorteando ramas de roble y haya a la vez que se distanciaba y así una vez tra y otra.Le parecía que sonaba cerca de la casa de la sierra y hacia allí dirigía sus pasos. Pero nunca pudo oir fue la voz de su hijo en aquella interminable noche. Cansado y harto de caminar se dirigía la raya del chaparral cuando vio la la primera claridad quería asomarse por encima del cerro Jabonal y esperando que con la luz del día sería más ver algo positivo. Y así fue porque encontró cerca de las charcas la caballería que Pablo había llevado, dio vueltas alrededor, grito más fuerte aun, se subió en las peñas para divisar más terreno…… todo fue inútil y por fin pensó seguir la huella de la caballería en sentido contrario al que había llevado la misma y después de un rato llegó al fatídico lugar. Allí estaba Pablo junto al acebo que le produjo la muerte. 

 

Dicen que las desgracias (a los pobres nunca llegan solas) a este matrimonio ya se le había muerto la única hija 27-10 -1918 con 16 años de una bronconeumonía, su padre Matías se moriría el 18-5-1928 con 62 años a consecuencia de una bronquitis, y Martina nueve años más tarde el 3-3-1937 con 68 años fallecía de un colapso por hipertrofia cardiaca. Murió en la más absoluta pobreza, viviendo de la caridad y en soledad. Con ella acaba aquella familia humilde trabajadora que enterró el apellido Rivas para siempre y que había llegado de Milleiros. (Lugo)

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