LOS 14 DEL 15M ¿QUIÉN REPARA EL DAÑO?

Asamblea 15M
El Juzgado de lo Penal número 30 de Madrid había fijado para el 11 de febrero el inicio de una vista oral para 14 de los 19 detenidos durante la jornada del 15 de Mayo de 2011.
Ese día de mayo, una manifestación convocada por Democracia Real Ya y Juventud Sin Futuro terminaba en la puerta del Sol, tras reunir de forma inaudita a unas 15.000 personas. Con el lema «No somos mercancía en manos de políticos y banqueros» cogía por sorpresa a una ciudad y a una sociedad que parecía indiferente a los dramas invisibles de una crisis y a sus principales responsables. Aquella misma noche, un grupo de personas trataban de acampar en la puerta de Sol, entre otras cosas como protesta por las 19 personas anónimas y sin antecedentes penales que se habían topado de frente con la mala suerte de dar carnaza al escarmiento. El germen de ese primer intento de acampada dio pie a un cambio en el paradigma de compromiso y participación de muchísima gente que, a partir de ese día, se fue incorporando a un nuevo movimiento llamado 15M.
La mayoría de los responsables de aquella crisis han continuado con su vida financiera o política, atendiendo los mismos quehaceres, casi sin despeinarse y por supuesto sin pagar penalmente las terribles consecuencias de sus tropelías, mientras un número de personas aún no cuantificado perdía la vida como resultado de sus acciones, o entraban, como es el caso, en el laberinto kafkiano de un largo e injustificado proceso judicial, por supuesto basado en acusaciones falsas, con el único objetivo de intimidar a la población y amordazarla.
«Somos personas muy distintas, unas nos definimos como Anarquistas, otras como Altermundistas, Feministas, Ecologistas, gente que es partidaria de una democracia real, etc, pero todxs vimos y sufrimos en nuestras carnes el abuso policial desproporcionado e injusto.»
Así comenzaba el comunicado que redactaron conjuntamente los detenidos del 15M. El comunicado no tiene desperdicio tras la perspectiva de estos años.
«Nos encontramos ante un panorama sin ninguna esperanza y sin un futuro que nos incite a vivir tranquilxs y poder dedicarnos a lo que nos gusta a cada unx. Por eso, la mayoría acudimos a la convocatoria del 15 de mayo para intentar cambiar este sistema por algo más justo y equitativo, pero ¿cuál fue nuestra experiencia?: REPRESIÓN por parte de los cuerpos de seguridad del estado.»
El comunicado relata numerosas vejaciones. Lo hace con suficiente detalle como para apreciar que la capacidad de decidir de una fuerza del orden es caprichosa y arbitraria; también para dilucidar cómo se construye el terror dentro de un furgón o en unas dependencias policiales. Son algo más que ejemplos de esa forma aleatoria de actuar de la policía que hemos visto muchas veces con nuestros propios ojos o que hemos sentido en nuestras propias carnes; desautoriza al que violenta sin motivo. No hay excusas para que alguien acabe detenido por interpelar a la policía ante su mala praxis o porque se ayude a levantar del suelo a un agredido. No hay excusas para saltarse a las bravas la Constitución y tus derechos; y se te niegue o entorpezca tu deseo de realizar una llamada, haciendo mofa de ello. No hay excusas cuando se te detiene por estar en el lugar equivocado y al equipamiento de fútbol de tu mochila, bastante explicativo del error cometido, se le añade un manojo de risas humillantes; precisamente las de quienes disfrutan de unas prerrogativas que les hacen inmunes al valor de la verdad, como si ellos fueran la verdad; como si las contradicciones y los cambios de relato no contaran para invalidarles la palabra y dejar constancia y exigir reparo a las mentiras del que acusa a un inocente. No hay excusas para que, fuera del foco de las cámaras, se ponga en riesgo la salud de un enfermo de corazón, negándole la vital asistencia, y de remate le apoden «El telele» No hay excusas para que una sociedad tolere que a un detenido se le golpee esgrimiendo como único argumento las rastas de su pelo, o se le llame maricón. En cualquier país con garantías judiciales estos y otros detalles que recoge el comunicado hubieran sido suficientes para la intervención de la fiscalía, pero ya sabemos cómo se las gasta la hipocresía en un estado represivo.
A cualquiera le gustaría vivir en un estado bien distinto, más garante, donde un responsable policial no diga a un grupo de detenidos  «Panda de maricones, niñatos de mierda, os voy a meter una patada en el culo que os va a salir por la boca».
Pero está claro que ese estado no es este. Las manidas libertad e igualdad de derechos se desvanecen apenas te sumerges en el interés de un aparato judicial demasiado predispuesto a despreciar los testimonios si los da un detenido.
«Desórdenes públicos», «Atentado contra la autoridad», «Resistencia» todo eso en boca de unos policías parecen palabras más que suficientes para arruinarle la vida a 14 inocentes.
La Fiscalía pedía seis años de cárcel para trece de los 14 acusados, y un año y seis meses para la persona restante. No había más pruebas que las declaraciones de los policías; un grupo de personas de dudosa reputación que, como hemos comprobado una vez más, gozan de inmunidad para mentir.
Justo antes de la fecha prevista la fiscalía negoció con las 13 personas a las que quería encarcelar la opción de dejar todo en una multa de 380 euros y así ha sido. No queda otra que alegrarse por lo que significa el hecho de intentar normalizar sus vidas después de 8 años. ¿Cómo se repara el daño hecho?
El comunicado terminaba de una forma elocuente.

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