POR QUÉ DEBEMOS PRESTAR MÁS ATENCIÓN A LA SALUD DE LAS MUJERES

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¿Se presta una atención equitativa a la salud de las mujeres en la sociedad? ¿Cuánto tenemos de iguales y cuánto de diferentes mujeres y hombres? ¿Qué penalización existe para la salud hoy en día solo por ser mujer?
Queremos abordar estas y otras preguntas relacionadas en este artículo y los siguientes, en los que expondremos algunas ideas básicas. Nos presentamos: somos un grupo de aprendizaje colectivo que profundiza en el género desde una perspectiva feminista. En otras palabras, no nos limitamos a lecturas y debates intelectuales; aprendemos construyendo entre iguales, dado valor a lo que cada persona puede aportar al grupo, y experimentando colectivamente con dinámicas de pedagogía popular. Generamos conocimiento pegado a la vida del grupo y de sus componentes: sus pensamientos, sus experiencias, sus emociones, sus cuerpos… Formamos parte de la Uniposible, la Universidad Popular de la Sierra Norte, que ahora inicia su quinta temporada.

LAS DIFERENCIAS EN SALUD NO SON TAN NATURALES COMO SOLEMOS CREER.
En la salud, como en tantos aspectos de la vida, existen diferencias de género. Esta salud diferencial de hombres y mujeres puede venir dada por condicionantes biológicos. En este caso, hablamos de diferencias en salud. Si las mujeres tienen útero y los varones próstata, por ejemplo, las implicaciones son evidentemente diferentes. Esto forma parte de la cultura social sobre el género. Si, además del fenómeno puramente biológico, tuviéramos unos prejuicios, unas actitudes, unas emociones y unas prácticas sociales y sanitarias que no respetan frecuentemente la autonomía y las necesidades de las mujeres, cuando sí suelen respetar la autonomía y las necesidades de los varones, entonces nos encontraríamos ante una desigualdad de género. La diferencia de género es natural, poco modificable en su raíz y aporta diversidad a la humanidad. La desigualdad de género, por el contrario, es evitable, generada socialmente, daña los derechos de las mujeres y resulta éticamente perversa. ¿Alguien piensa que exageramos al afirmar que existe desigualdad de género hablando de úteros y próstatas? Lamentablemente, no exageramos. Pongamos algún ejemplo social, y alguno sanitario. Desde lo social, la facilidad con la que todo el mundo opina, incluso llevando las opiniones a la legislación, sobre lo que una mujer puede o no puede hacer con su útero y con una de las funciones más señaladas del mismo, la reproducción. La responsabilidad de evitar un embarazo no deseado en las relaciones todavía se hacer recaer por muchos varones sobre la mujer, en vez de considerarlo una responsabilidad compartida; esto influye en un inaceptable número de embarazos no deseados en adolescentes. Otro ejemplo social es la necesidad «preventiva» de que una adolescente realice una primera revisión ginecológica, lo cual carece de indicación médica, pero se ha venido practicando como forma de control social y sanitario sobre el cuerpo de las mujeres, sin mayor razón. A los varones adolescentes, felizmente, se les deja en paz y nunca han debido someterse a reconocimiento urológico por el mero hecho de llegar a la pubertad. Otro ejemplo sanitario es el exceso de episiotomías en el parto. El parto es un proceso natural que a veces puede necesitar, ante alguna dificultad en el mismo, la realización de un corte en el periné de la mujer para facilitar la salida del feto. Pues bien, las episiotomías se han realizado en exceso, incluso por sistema, a causa de un intervencionismo médico injustificado. Recientemente se está llegando al punto de revisar esa práctica y el hospital público de referencia para la Sierra Norte, por ejemplo, se ha comprometido a realizar solo las episiotomías estrictamente indicadas, las necesarias, y respetando la autonomía de decisión de la mujer.
Resultaría igualmente injusto que a los varones se le atendiera de forma prejuiciada la salud de su próstata a través de pruebas o intervenciones innecesarias, o sin considerar su autonomía para decidir y participar en la atención médica. Pero resulta que estas circunstancias no se dan habitualmente porque no existe semejante presión sobre los cuerpos masculinos, ni sobre el hecho de ser varón en general. Por esto afirmamos que existen desigualdades de género en salud. Algunas mujeres llevan años señalándolas y trabajando por su erradicación para que vivamos en una sociedad más justa y sin discriminación de género.

Grupo de Aprendizaje Colectivo sobre Género. UniPoSIBLE
http://uniposible.es/la-up-sierranorte/

 

 

 

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