La cuesta de septiembre

En los últimos años el mes de agosto ha dejado de ser ese paréntesis en la actividad laboral que durante treinta días vaciaba las ciudades y establecía una tregua en la vida política. Para la cuarta parte de las personas en edad de trabajar carece de sentido hablar de vacaciones, muchos se habrán encontrado con la paradoja de añorar la pereza que experimentaban al tener que reincorporarse a sus trabajos. Por el contrario, en lo que se refiere a la actividad política, el deseo de bastantes ciudadanos coincidirá en imaginar, no ya en lo bueno que sería que algunos políticos y gobernantes se hubieran ido de crucero al Caribe, coincidiendo con el comienzo de la temporada de huracanes, sino que ojalá hubieran empalmado con las de las pasadas navidades.
Comenzamos septiembre con una subida indiscriminada de impuestos que hará más difícil llegar a fin de mes, que se notará especialmente en el mundo del espectáculo (excluidas, eso sí, las corridas de toros), en la creación artística, en las funerarias, en el material escolar, en ópticas, peluquerías,…Todo será más caro, salvo el pan, la leche, frutas y verduras, y aunque algunos empresarios utilicen el gancho comercial de asumir la subida, nadie duda que será una promoción temporal.
Pero todo se hace por nuestro bien, ya se sabe que es más saludable una dieta vegetariana, que en la escuela no hay mucho que aprender habiendo una televisión tan instructiva, que usar gafas, lentillas o audífonos es innecesario para lo que hay que ver y oír, que ir al cine, al teatro o a un concierto tampoco es tan importante si ya dan fútbol y toros por la tele, además, cualquiera sale a la calle con esas greñas despeinadas… y lo peor, no habernos muerto, porque si antes ya era caro, ahora nos va a salir por un pico.
El primer día de septiembre se recordará como una fecha en la que la división acorazada de la deuda, formada por blindados de fabricación alemana bajo bandera europea, ganó una nueva batalla en su imparable avance sobre los territorios del estado del bienestar. Desgraciadamente, la valiosa ayuda prestada por los colaboracionistas gubernamentales, alegando pragmatismo y responsabilidad, no habrá terminado aquí. Las amenazas de nuevas medidas inaplazables y las promesas de evitar otras que, una vez más, hacen temer su próxima aplicación, anuncian un panorama profundamente desalentador. La duda estriba en saber si los ciudadanos seremos capaces de frenar esta invasión sobre nuestros derechos o si la acometida de las fuerzas neoliberales continuará hasta arrojarnos al abismo de la indigencia.
Nos esperan días difíciles en los que el hartazgo de la población debería manifestarse en un intento de romper el círculo vicioso de austeridad y recesión en el que pretenden encerrarnos. Pero habrá que estar atentos, en el descrédito de esta política pueden coincidir pensamientos y alternativas muy diversas. Un gobierno títere repugna a quienes creen en la democracia, pero también está decepcionando a los partidarios de una solución autoritaria y nacionalista en la que sobran todos los políticos. Al disolverse el aglutinante anti Zapatero, el Partido Popular está empezando a perder adeptos por su derecha que buscan organizarse contra un gobierno desacreditado. Van a ser tiempos confusos en los que será necesario distinguir de dónde vienen las críticas y a dónde conducen las propuestas. Han sido muchos años de vaguedades, de hipocresía y cinismo, de falta de cultura política para descubrir los engaños, un tiempo en el que han proliferado los medios de extrema derecha y ha disminuido la capacidad de respuesta de la sociedad.
Decimos adiós a un verano seco y caluroso en lo meteorológico para entrar en un otoño caliente en el que la aridez económica también puede provocar más de un incendio. Hay demasiado bombero pirómano merodeando por los pasillos de los palacios europeos.

El arcade residente
Chema Guevara

Sé el primero en comentar sobre "La cuesta de septiembre"

Dejar un comentario

Tu dirección email no será publicada.


*