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EL DESEADO BIEN COMÚN

Rosa Ortega Serrano

Me está costando mucho escribir este mes, incluso había desistido de hacerlo. Creo que estoy saturada de mensajes, correos, ruedas de prensa, telediarios y de toda información, sea veraz, bulo o broma pesada y sin embargo, no puedo pasar sin ella. Consulto el móvil entre trescientas y cuatrocientas veces al día, abro los periódicos, pongo la tele, oigo la radio y, cuando por fin me doy cuenta de que mis ojos son un caleidoscopio y mi entendimiento es nulo, abandono el utensilio virtual y me voy a ordenar armarios. En un rato, oigo el llanto apagado de mis criaturas tecnológicas y acudo a ellas con dos grandes círculos húmedos en mis glándulas mamarias, porque a medida que leo y releo, escucho e interpreto, mi preocupación y desasosiego van en aumento. 

 

TODOS SOMOS ADOPTADOS

Rosa Ortega Serrano

Hay veces que veo padres y madres que arrastran a sus hijos. En ocasiones les insultan con cierta violencia. En otras les ahogan con sus cuidados, destacando sus fallos como aciertos, pisoteando a amigos, maestros, hermanos y vecinos.

Hay veces que veo padres y madres que pretenden que sus hijos que son solo suyos crezcan protegidos del mundo con grandes dosis de aislamiento y vigilancia parental. Otras veces y en otros ámbitos me dicen que los reyes son los padres y que de ellos aprendemos casi todo y que es el mundo y la familia los que cuentan para sobrevivir.

Estos días está de moda la famosa frase de Khalil Gibran:”Los hijos no son tus hijos, son hijos e hijas de la vida”, parece una cursilería de un laureado poeta, pero es una oportunidad para dialogar sobre la ceguera del amor a los hijos. 

LA PRINCESA NO ESTÁ EN EL CASTILLO

Rosa Ortega Serrano

No sé si es buena esta moda feminista. A las modas nos acercamos por tendencia o por convicción y en este caso se trata de una auténtica revolución social.

Está de moda hasta la polémica por estar de moda. Muchos jóvenes han ido modificando su “estructura genética” y en su ADN, funciones como la igualdad entre hombres y mujeres, el cuidado mutuo o el respeto, figuran como imprescindibles para determinar la función del gen correspondiente. Pero van cincuenta y cinco mujeres asesinadas por sus parejas este año, el problema persiste, es enorme. 

¿Para cuándo la ley de educación?

Rosa Ortega Serrano

-Papá, papá, yo quiero un pin.

-Pero hijo, te hará mucho daño.

-No importa, papá, yo quiero un pin, que Borja se va de clase muchas veces. Mira al profesor, me mira a mí, se despide y se va a jugar al patio. Al rato vuelve y escucha detrás de la puerta si seguimos hablando de las enfermedades de transmisión sexual. Se vuelve a ir y a veces no entra hasta después del recreo. Papá, papá, fírmame un pin y así me podré ir a jugar a las máquinas que están cerca del instituto y no me pierdo.

-No seas pesado, hijo mío, que si no vas no nos enteramos de lo que ese traidor cuenta en las clases. Tú sigue ahí y cuéntamelo todo que vamos a dejar esto más limpio que una patena.

Un punto de vista

Rosa Ortega Serrano

Está bien abrir el debate educativo en torno a las escuelas públicas y concertadas. La ministra suscitó la polémica, supongo que con toda intención y en el foro más comprometido: un congreso de escuelas católicas. Las declaraciones de Isabel Celaá son confusas para la mayor parte de la población pero no lo son para los representantes de los centros católicos allí presentes, sus murmullos de desaprobación fueron contundentes. Enfrentando torticeramente la libertad de enseñanza y el derecho de los padres a escoger una formación religiosa y moral para sus hijos e hijas, se vuelve a abrir el debate sobre adoctrinamiento, ideología, segregación, religiones, creencias, libertad. Estos que parecen prejuicios de adultos poco inteligentes, nos desvían de los temas importantes para entender la educación de los niños y niñas del siglo XXI. Estaría bien oír hablar de neurociencia, de inclusión, gamificación, de emociones, de mediadores comunitarios, de sociedad y de lo social, ciencia, astronomía, matemáticas... Pero se vuelve a hablar de lo mismo que oían hablar a sus padres y abuelos. No se dan cuenta de que corre el siglo XXI y de que vamos a toda velocidad hacia otra revolución tecnológica (5G, internet de las cosas...)

 

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