LA CRUZADA DE LOS NIÑOS

Rosa Ortega Serrano

“Cuenta la leyenda, ya que la historia se inhibe, que allá por el año 1200 y algo, cuando los cristianos iban ya por la sexta cruzada, un joven pastor, exaltado por las prédicas de san Bernardo, recorrió el norte de África y Alemania diciéndose enviado de Dios y exhortando a los niños para que abandonaran sus casas y partieran a la reconquista del sepulcro de Cristo. Así, según dicen, cincuenta mil niños atravesaron Europa y embarcaron en Marsella hacia la tierra santa. Parte de los inocentes perecieron en las borrascas del mar, mientras otros fueron vendidos como esclavos, por los mismos que los guiaban, en los mercados de Oriente. (Contraportada de la “Cruzada de los niños” de Marcel Schwob)” 

Y la costumbre se hizo norma, por los siglos de los siglos: Niños pobres británicos e irlandeses enviados por sus familia a las colonias (Canadá, Australia). Niños judíos trasladados a Gran Bretaña desde Alemania, Austria, Checoslovaquia, huyendo de los nazis. Niños de la Guerra Civil española enviados a México, Francia, Rusia…etc. Niños que migran solos: MENAS (menor extranjero no acompañado). Niños y niñas que cruzan la frontera de Ceuta solos o acompañados de su familia. Todos menores, que huyen de la guerra o de la pobreza, muy parecidos a nuestros niños en tamaño, deseos, alegría y llantos. Ignoro lo que supone para una población de 84.000 personas la llegada de 72.000 desplazados. No quiero escribir sobre políticos deshumanizados o contar la lucha de religiones en una ciudad fronteriza. No buscaré razones económicas, ni acudiré a las campañas torticeras del odio al inmigrante. Desde mi cómodo sillón de orejas, solo soy capaz de nombrar razones humanitarias. Por eso les voy a contar alguna de las historias de vida de estos niños llamados invasores, que vienen a tomar por la fuerza el continente europeo, armados con un móvil y dos sudaderas.

Se llama Ismail, nació en Tetuán hace 16 años. Llevaba tres años pensando en venir, el día 30 de julio decidió intentarlo. Salió de su casa con un primo y dos amigos. Tenía miedo porque no sabía nadar y dejar a su madre era muy difícil. Cuando llegó a España lo primero que hizo fue conectarse a Instagram para contarle que estaba bien. Quiere ser policía y trabajar para el bien de su familia.

 Salma, tiene el pelo negro, recogido en un moño y viste la misma ropa que cuando llego a España hace unos días. Sueña con acabar el bachillerato y estudiar medicina. 

Mohamed nació en Larache, tiene tres hermanos más pequeños y 16 años. Quiere ser policía y trabajar para su familia, solo pide una oportunidad para demostrar su valía. 

Amir tiene 15 años y una herida infectada en el pie, viene desde Sudán, con sus dos hermanos. Solo quiere encontrar a un familiar de su madre que vive en Barcelona. Si le devuelven a su país tendría que ir a la guerra y acabarían matándole.

Sulaiman nació en Casablanca  tiene 15 años y quiere ser futbolista.

Aisha y Amina vinieron juntas desde Tánger, no se separan ni un momento, tienen miedo pero quieren llegar a Madrid y abrir una peluquería. Hamza trabajaba de ayudante de electricista en Marruecos, quiere aprender y montar su propio negocio de electricidad.

Son cientos o miles que buscan una oportunidad. Vienen por las buenas y algunos políticos dicen que Europa les necesita, espero que no sean las mismas personas que les llaman invasores. 

Acabo con las sabias palabras de Jorge Riechmann, poeta, ensayista y profesor: “ QUE NO EXISTAN CERTEZAS ABSOLUTAS NO QUIERE DECIR QUE PODAMOS PRESCINDIR DE LA CUESTIÓN DE LA VERDAD”.

(Recordemos que desde el día 1 de enero hasta hoy van 38 mujeres asesinadas por sus parejas o ex parejas)

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