ESTOY MU PERDIDO O…NO

LuisFcoDuran250

Pues eso pensaba, dando una vuelta por los lugares en los que comencé a crecer, para despejarme y olvidarme por un rato de esta inmediatez de la somos esclavos, camino del tercio de la laguna, donde cuando yo era pequeño, había patos, ranas y culebras a manta, en la que nos metíamos descalzos para coger huevos de pato y ranas para disfrutar fritas sus ancas. 

Llegando al puente de la Cardenilla, me aparté un poco, para encontrar la fuente. La fuente del mismo nombre, que tantas y tantas veces nos había quitado la sed. Fue en ese momento, cuando, apartando yerbajos he intentado beber de lo que era su pequeña poza, que entonces era una poza, no para bañarte, pero sí, para meter la barriga del botijo, e irle llenando poco a poco con un vaso de cinc que no se rompía, solo se abollaba ligeramente, pues ni el arroyo ahora es lo que en otros tiempos fue, por aquellos entonces presumía de un curso aceptable y de sus ranas, sus zapateros y alguna sanguijuela, qué como la fuente, también tenía su ecosistema. Conseguí, no sin esfuerzo, abrirme un espacio, para después de beber “amorro”, como tiene que ser, conseguí un puñado de agua para refrescarme la cara y, ese preciso momento, mientras se me escapaba el poco agua que había conseguido entre los dedos, como pequeños riachuelos, comenzaron a venirme unos momentos inolvidables de aprendizaje a ser parte de una sociedad eterna, que te confiere la potestad y la increíble plenitud de ser y, presumir de sentir que eres de pueblo, reconocer sus saberes y sus sabores, sus formas, su idiosincrasia, su sapiencia, forjada con yunques hierro con fuegos eternos, ser parte de sus porqués y de sus qué te den, porque son vida. Son parte de creencias, hasta sus archiperres, son fundamentales en su historia y a la vez ser parte ella, ser parte de vivir en el pueblo. Ser alguien de, en y para el pueblo.

Pues en ese momento en el que he recuperado esos recuerdos que se me escapaban entre los dedos. Trillando en el tercio de la laguna, con yuntas de vacas o tirando de la trilla por una burra, con un gorro de paja, o un pañuelo, anudados los cuatro picos y ya tenías un gorro hecho, lo último en moda fue  una gorra amarilla, fea como ella sola de piensos Sander, saltando de trilla en trilla, mientras es para ti un juego, hasta qué, con  el tiempo, no es un juego es tu sustento y debes, estar atento a que no se cagara la yunta, recogiendo la mierda con una pala, que como hubieran comido verde, te apañaban el cuerpo y la cara, ese  era el  abono en otro momento, pero que en ese instante era la mierda  que jodían la parva, y, si no lo hacías, te ganabas una galleta, que no de María, sino de tu padre, que, tampoco era San José, pero era el que te espabilaba para que estuvieras alerta. 

Había que bajar a por agua con los botijos, llenarlos con sumo cuidado, para que no los rompieras en esta fuente. Entonces, un botijo lleno de agua a la sombra de los haces, que apilados formaban treznales y estos a su vez un pajar, era un tesoro, mucho más que tres jornales de la época.   

Ese comer a la sombra de una manta con dos estacas de pie y pillada en el pajar con una horca, disfrutando de una ensalada de tomate y gajos de cebolla aliñada con sal aceite y vinagre, y cuando se acababa se le echaba un buen chorreón de agua del botijo para disfrutarla hasta la última gota, que el vino, también era bien recibido. Eso de refresco, que, para comer, unas buenas judías con su chorizo, oreja o un buen cocido, con su sopa de pan de horno de leña, que, por cierto, cada familia lo hacía los días que le tocaban, en aquella época, hasta que comenzaron a repartirlo y venderlo en el pueblo, con su bola y pedazo de tocino para untar en pan, que te quitaba hasta los arañazos que te hacías buscando nidos queriendo coger sus huevos, te quitaba el hambre y te daba sueño. No había calor que se atreviera a no dejarte disfrutar de esa buena “mesa”, sentado en una manta o en una piedra, pegado a la Era, mientras la yunta, ya desuncida rumiaban al son de sus cencerros.

Pues sí, estaba algo perdido, no imaginaba yo que hasta aquí iban a llegar las prisas, las carreras, los horarios y el desenfreno. Todo por ser alguien moderno, estar informado al momento, donde no quedan recuerdos, todo son fotos en el móvil o en la Tablet. No hay añoranza como la que yo siento en esta postal de mis recuerdos, solo es el momento, los momentos son solo eso. Ya ni las cigüeñas se las piran en invierno, por sí no llegan a tiempo en febrero. Que se lleva mucho eso de vivir el momento, pero no se queda reflejado dentro, solo son flases, píxeles multicolores, pero no estampas repletas de recuerdos, que no dejan reflejo en tu alma. No son la siega, la reguera, una yunta o un cencerro. No tienes ni la oportunidad de pisar una moñiga con los zapatos nuevos en la comunión del chico, que ese sí que es un recuerdo del que se acordaría todo el pueblo, y sin móviles ni drones ni subterfugios modernos.

Mira tú por donde, estaba un poco perdido, pero me he encontrado, tampoco era muy complicado con lo que peso, en cuanto me palpo me encuentro y, además, me he venido arriba con estos recuerdos y sin mirar ninguna pantalla., simplemente viviendo.

¡SALUD!

                                                                              Luis Fco. Durán Carretero    

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