Rosa Ortega Serrano
Cada uno tenemos una historia y una preocupación. Algunos acumulamos historias y preocupaciones. Los pobres en su diversidad, tendrán problemas con la vivienda, con el trabajo, con su alimentación, con su vida en general. Los ricos con esa curiosa ideología, que algunos pensadores han llamado “fascismo del fin de los tiempos”, piensan cómo pueden salvarse del colapso que ellos mismos vaticinan para la humanidad. Dan por hecho que la catástrofe medioambiental esta próxima, es preciso colonizar otros mundos donde refugiarse en el futuro para salvarse unos pocos y como el tío Gilito guardar en una gruta todas sus riquezas. Se les olvida que también ellos son mortales.
Imaginemos un escenario apocalíptico (de hecho podemos leer y mirar, en vez de imaginar). Dado que hemos llegado en estos últimos años a un punto crítico de no retorno en el que la concentración de CO2 en la atmósfera a corto y largo plazo tendrá efectos devastadores sobre nuestro hábitat, nos tendremos que preguntar a posteriori ¿qué estaba haciendo yo cuando eso ocurría?. Acaso los científicos no lo llevaban advirtiendo años ¿me dejé llevar por la comodidad o por los discursos ridículos que aún hoy niegan la existencia del cambio climático?. Como ya debo haber escrito cien veces en estas comunicaciones mensuales que tenemos, no creo que los humanos seamos idiotas y neguemos la realidad , es más sencillo aceptar el argumento de la irresponsabilidad. Tenemos hijos, nietos, vecinos, gente con futuro que encontrarán un mundo devastado por cómo nos comportamos.
Hoy es 21 de junio del año 2026, en Garganta de los Montes tenemos 35º de máxima y 16 de mínima. ¡Primera o segunda ola de calor! Nuevamente este mes de junio apunta a convertirse en el más cálido desde que existen registros (1950).
Si los científicos tienen cada día más clara la relación directa entre el calentamiento global y el incremento de eventos como olas de calor, fuertes precipitaciones, sequías y ciclones tropicales; si nosotros, habitantes disfrutones de este planeta sabemos lo que es el aumento del efecto invernadero; si la corte internacional de derechos humanos habla de catástrofe medioambiental, me pregunto por qué no la educación, el civismo, la vida cotidiana de las familias, el ocio, la reflexión política y la parte de humanidad que provocamos esta emergencia climática, no nos pasamos la vida hablando sobre ello.
Repasar nuestras vida, la forma de vestir, la alimentación, el consumo. Dar una vuelta por nuestra casa e intentar mejorar el aislamiento, los electrodomésticos, la calefacción y otra cosa que parece fundamental, buscar entre las distintas opciones políticas y de gobierno a aquellos que ofrezcan medidas atrevidas, drásticas, para luchar contra el cambio climático
Es nuestra obligación pasar a la siguiente generación un planeta habitable.
(Jorge Riechmann, poeta español nacido en Madrid en 1962, plantea abiertamente que “Nada de lo que está ocurriendo/importa más que la descongelación del permafrost/ o la acidificación de los océanos” )
¿Qué hay que hacer
Cuando no se puede hacer nada?
-nos pregunta Belén en este valle furioso
En este valle
Para pedir perdón
A los insectos
para suplicar benevolencia
A los árboles
Para solicitar amparo
A las vacas y los zorros
Perdón por lo imperdonable.

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