Jorge García Torrego
Acabamos de pasar los meses del frío, de la oscuridad, de la lluvia y llegamos al tiempo de la primavera, en la que todo brota, el sol calienta y el campo se enciende. Y más este año, en el que nos hemos hartado de recibir lluvia y parece que la naturaleza va a salir con más fuerza si cabe.
Al norte de Madrid, donde nos encontramos, podemos viajar por lugares montañosos, veredas de río, carreteras que cruzan bosques mientras nos sorprenden cantos de pájaros o, si tenemos suerte, incluso algún conejo o algún otro animal… y en muchos de estos bonitos parajes también hay otro ser que suele aparecer cuando menos te lo esperas. Giras una curva cerrada y ¡zas!, ahí está, el ciclista. Subido en las dos ruedas, apretado en su malla elástica, de repente se vuelve una diana para aquel que quiere pasar a toda leche por la carretera. Como comentaba antes, en nuestra zona tenemos una geografía muy diversa y suele haber carreteras estrechas, con poca visibilidad, con un mal asfalto o incluso algún socavón… y la tarea de pasar de largo al buen ciclista se convierte en motivo de cabreo para aquel que está detrás del volante, y más aún si el conductor se siente presionado por más coches que estén detrás, en la misma situación, y según se van añadiendo coches el cabreo va siendo exponencial.
Pues ante esta situación no queda otra que tener paciencia. Ya sé que todos queremos llegar pronto a nuestro destino, pero debemos pensar, por un momento, que sobre la bicicleta hay una persona y que por mucho que nos cabreemos, por mucho que gesticulemos o incluso que le digamos, va a seguir habiendo ciclistas en la carretera. La gente va a seguir despertándose y va a pensar: «qué buen día hace, me subo a dar una vuelta». Y es así y será así, no se puede cambiar.
Llevo toda la vida por estas carreteras y me he cruzado con muchos conductores agresivos que no aguantan bajar la velocidad y estar detrás de un ciclista por un par de minutos. Y más aún, esto lo suelo ver los fines de semana, cuando se supone que los domingueros suben al monte a relajarse y a respirar el aire puro… pero antes, una buena bronca con el pobre ciclista, por qué no. Es que no tiene ningún sentido. Estamos acostumbrados a un mundo inmediato, a golpe de clic en el móvil, donde todo sucede a nuestro gusto y según nuestra visión del mundo. Por eso, la próxima vez que te encuentres a un ciclista en la carretera, piensa que te está dando una oportunidad de bajar un poco las revoluciones y adaptarte un poco a la manera que tiene el resto del mundo de vivir. Y sí, cuando puedas le adelantas, pero siempre con cuidado y respetando a aquel que comparte la carretera contigo. Y si es imposible, si no puedes porque te hierve la sangre… pues haber salido antes, que la culpa de que llegues tarde no es del ciclista.

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