Rebaños de Trashumancia

EPISODIO VIII. REBAÑOS. –

ESTA ES UNA TRANSCRIPCIÓN DEL CAPÍTULO VIII, DEL LIBRO TITULADO “UNA AVENTURA EDUCATIVA”, de Antonio Ruiz Heredia

Una mañana, yendo de exploración, ambos aventureros escucharon un rumor no muy lejano de cencerros que, conforme iban acercándose, era complementado por una serie de balidos en varios tonos: broncos, agudos, persistentes, graves y hasta cantarines en cierto modo.

Se trataba de un rebaño de ovejas que triscaban tranquilamente en unas praderas entre robles. En realidad, las «praderas» no eran tales, sino calveros que antaño fueron huertos o zonas de cultivo de lino ya abandonados. El arroyo cercano les había proporcionado el agua necesaria y aún se notaba la huella de antiguas acequias o canales que abastecieron esas parcelas. El abandono y el constante paso de ganado propiciaron que creciese ahí la hierba, ya que el terreno era abonado de manera permanente por los animales y permanecía bastante despejado de arbustos.

Miguel. – Parecen ovejas ¡no?

Alejandro. -Efectivamente, Miguel, ovejas merinas, pero cuidado, no nos acerquemos demasiado hasta ver al pastor, no sea que vayan acompañadas de mastines.

Miguel. – ¿Mastines?

Alejandro, – Si, esos perros grandes y fuertes que, en zonas de sierra, protegen al ganado de ladrones y, si los hubiere, también de perros asilvestrados e incluso lobos.

Miguel.-. ¡Vaya! cuantos peligros.

Alejandro. – Es verdad, los cuatreros suelen trabajar por la noche, acercando camiones -si el camino es accesible- a los apriscos poco vigilados, aprovechando el aislamiento de estos lugares, para cargar corderos y recentales que luego ponen a la venta, sobre todo si las fiestas navideñas están cercanas.

En cuanto a los perros cimarrones o asilvestrados resultan casi más peligrosos que los lobos ya que, al ser precisamente eso: perros, pasan desapercibidos, pero terminan haciendo estragos, sobre todo entre el ganado lanar y caprino y luego la culpa se le echa siempre al lobo.

Miguel. – Pero los lobos atacan también al ganado…

Alejandro. -Cierto. Llevan haciéndolo siglos, por eso los propietarios de rebaños o bien vigilan personalmente sus animales o los acompañan de mastines o ambas cosas.

Miguel. – Pero… el pastor tendrá que convencer al mastín de que proteja las ovejas, si no se las podría comer…

Alejandro. – Bueno, ovejas y también cabras, vacas y caballos.

Miguel. – ¡Ah!  Vale.

Alejandro. – Todo tiene su secreto y su técnica, Miguel. Desde que tienen pocos meses de edad, los jóvenes mastines deben convivir día y noche con el ganado, para que sientan que forman parte del rebaño y de este modo lo defiendan como algo suyo. Si el ganadero es hábil, acostumbrará a los perritos a la presencia de determinados humanos: familiares, amigos o vecinos, para que terminen considerando a estos como no peligrosos. Si ya hay algún mastín adulto en el rebaño, el aprendizaje de los cachorros resultará más fácil y rápido, al seguir éstos el ejemplo de los veteranos.

Miguel. – ¿Y si nos encontramos con un rebaño -como ahora- en el que hay mastines ¿qué tenemos que hacer?

Alejandro. – Pues nos enteraremos enseguida, ya que el perro se interpondrá entre el rebaño y nosotros, ladrará fuerte para advertirnos de que no nos conviene acercarnos, entonces nosotros nos alejaremos despacio, sin aspavientos ni movimientos bruscos. Tampoco hemos de gritarle, pues el mastín puede interpretarlo como una amenaza.

Miguel. – Oh… ¿y ya está solucionado?

Alejandro. – Bueno, en parte. En el caso de paseantes, caminantes, senderistas, viajeros, vecinos… todo depende de estos y su comportamiento al toparse con un rebaño. El problema suele surgir cuando se adentran en el monte llevando una mascota – un perrito, por ejemplo- y sobre todo si este va suelto, cosa que suele ocurrir en la mayor parte de los casos.

La gente desconoce que eso no es aconsejable e incluso está prohibido, sobre todo en Parques Nacionales, Reservas de caza o zonas ganaderas. Los perros domésticos han de ir siempre sujetos con su correa, nunca en libertad, pues si se topan con un mastín que está protegiendo su rebaño, puede surgir un problema que siempre acaba en denuncias cruzadas y el resultado nunca es positivo para el «turista invasor» y, en ocasiones, tampoco para el perrito.

Alejandro. -Si te fijas bien, Miguel, verás allí, donde te señalo, un gran mastín sentado que nos mira atentamente. Si cruzamos esa línea imaginaria de seguridad que él tiene en mente, se pondrá sobre las cuatro patas comenzando a ladrar para advertirnos.

Miguel. – Bueno, pues mejor vayámonos hacia aquel lado.

Alejandro. – Bien dicho, dejémosle trabajar.

Miguel. -En el “insti” hemos estudiado que la lana proviene de las ovejas a las que se esquila y que es un recurso importante para la industria textil.

Alejandro. – Es cierto, aunque por desgracia, nuestro país, que estuvo transitado en épocas pasadas por enormes rebaños de ovejas, -en lo que fue la más importante cabaña ganadera del mundo- en la actualidad apenas posee rebaños y cada año muchos ganaderos se retiran y dejan de poseer ovejas, pues han llegado incluso a almacenar la lana de ovejas esquiladas durante más de tres años sin que nadie la quiera ni regalada y conozco varios casos.

Miguel. -Pero… ¡eso es desastroso!

Alejandro. – Efectivamente, desde hace décadas no ha habido en España el menor interés por la ganadería y su aprovechamiento, al llevarse a cabo, de manera reiterada, unas políticas nefastas que nos están dejando a la cola del mundo, llegando al extremo de importar corderos congelados desde otros países para consumo humano. 

Miguel. – Pero no solo la carne, también la lana de oveja es algo útil y valioso.

Alejandro. – Fíjate si lo es que, en la Edad Media, los reyes, nobles y clérigos poseían enormes rebaños que producían suficiente lana como para abastecer el mercado europeo, obteniendo grandes beneficios.

Miguel. – ¿Tanto dinero se ganaba con la lana?

Alejandro. -Se ganaba tanto que podían permitirse, junto con el pago de portazgos, impuestos, etcétera, la construcción de puentes, palacios y monasterios, por eso no es comprensible lo que sucede en la actualidad con los rebaños de ovejas merinas y de otras razas autóctonas españolas.

Miguel. – A lo mejor es que las fibras sintéticas modernas son mejores que la lana.

Alejandro. – No creas. Te pondré un ejemplo: Australia produce en la actualidad enormes cantidades de lana procedente, precisamente, de ovejas españolas. Las primeras seis ovejas merinas fueron llevadas a ese continente por los británicos, en 1788, éstas se adaptaron al clima rápidamente, se reprodujeron y con el tiempo comenzaron a ser esquiladas, obteniendo lana muy apreciada por su calidad, que se utiliza no sólo para la producción de fibra textil sino también para aislamiento térmico y del ruido. 

Es lana famosa a nivel internacional, siendo exportada a todo el mundo. Los criadores australianos han conseguido esa buena reputación gracias a la seriedad de las autoridades, existiendo una <Oficina especial de pruebas> para la lana, que ha de pasar cada partida a la hora de su venta, tanto fuera como dentro del país.

No solo Australia, también Nueva Zelanda, Uruguay, Argentina o Sudáfrica se han subido al tren de la lana y están en pleno desarrollo de la puntera industria de esta fibra natural y renovable, que de hecho hace muy bien la competencia a las fibras sintéticas procedentes del petróleo. Mientras que en estos países se han preocupado por la mejora genética de la raza, en España languidecen al borde del abismo los pocos rebaños que quedan, al tiempo que no hay ningún gobierno que parezca preocuparse por su modernización, mantenimiento y desarrollo.

Miguel. – ¡Qué barbaridad! no sabía nada de eso.

Alejandro. – Pues sí. Recuerda -y si no lo sabes, te lo cuento- que nuestro país posee una impresionante red de cañadas, veredas, cordeles y vías pecuarias utilizadas por el “Honrado Concejo de la Mesta”, que Alfonso X el Sabio creó en el año 1273, reuniendo en una sola hermandad a todas las mestas del reino, para el desarrollo de la trashumancia. Muchos de estos caminos ganaderos han sufrido y están sufriendo ocupaciones ilegales por carreteras, urbanizaciones, gasolineras… que las autoridades parecen incapaces de controlar, lo cual es el remate a todo este sinsentido que padecemos.

Miguel. – Que lástima. ¿no hay nadie que intente remediar esto?

Alejandro. – Bueno, algunas personas a nivel particular o algún grupo naturalista o ecologista, inician campañas al respecto; concretamente hay un veterano ecologista que, desde hace años, ha participado, hasta su fallecimiento, con ganaderos en actividades de trashumancia, llevando rebaños por cañadas reales, una de las cuales atraviesa precisamente el centro de Madrid, por la calle y puerta de Alcalá, en reivindicación de nuestros viejos traslados ganaderos de la Mesta. Se llamaba Jesús Garzón Heydt y puedes saber de él buscando en Internet. Seguro que lo que descubras te sorprenderá.

Miguel. -Seguro que lo haré. Muchas gracias, profesor

Y conversando de este modo, siguieron ambos su periplo por el monte, en aquella zona tan desierta como interesante.

ESTA ES UNA TRANSCRIPCIÓN DEL CAPÍTULO VIII, DEL LIBRO TITULADO “UNA AVENTURA EDUCATIVA”, de Antonio Ruiz Heredia, editado por Ediciones Pasin Venturada. 2025.

En este libro se narra la historia entre un adolescente, cuyo padre ha confiado a un profesor a punto de jubilarse, para que este ejerza de tutor y le ponga en contacto con la naturaleza y el mundo rural.

La publicación de esta transcripción, cuenta con la autorización del autor, Antonio Ruiz Heredia y de Pasin Venturada. Copyright.

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