Llámenlo ustedes como quieran. Enlace, matrimonio, casamiento, bodas, alianza, nupcias, connubio, himeneo o casorio. La Real Academia Española lo define como la: «unión de dos personas, concertada mediante ciertos ritos o formalidades legales, para establecer y mantener una comunidad de vida e intereses».
Hoy tenemos, entre otros, matrimonios eclesiásticos, civiles, matrimonios de hecho y derecho, matrimonios de conveniencia, de conciencia, morganático, secreto o de penalti.
Sentándome delante de la pantalla del ordenador voy a intentar contarles algunas curiosidades que creo que pueden interesarles como pueden ser la edad a la que se casaban o si eran largos los noviazgos o con qué ropa y de qué color era o si se emparejaban personas con economías parecidas o qué era la cencerrada y a quién se la daban.
Hay que explicar que, para que la boda fuera perfecta, tres domingos antes de la misma se realizaba la «publicata» que consistía en que en la misa se comunicaba que una pareja deseaba contraer matrimonio permitiendo que cualquier persona con un impedimento legítimo para la unión lo declarase antes de la celebración del matrimonio: Pretenden contraer matrimonio canónico según…
No he encontrado en ningún documento que hubiera que suspender alguna boda a causa de cualquier amonestación.
En esos mismos documentos no se recogen los años a los que se casaban nuestros abuelos hasta 1810, con una excepción entre el 1660 y el 1670 donde sí se reflejó la edad de los contrayentes pero siempre que uno de los dos fuera viudo o viuda, siendo la media de edad de unos 37 años. Edad que baja a partir de 1810, donde los contrayentes rondan los 27 años, y desde esa fecha va bajando tanto en mujeres como hombres hasta finales del XX en el que vuelve a subir y de qué manera. Así que es fácil que vuelva la costumbre de «la cencerrada». Esta, era la «orquesta» que se formaba a base de cencerros, cuernos, latas, botellas y toda clase de percusión que se presentaba esa noche en la casa de los contrayentes a «poner música» en su noche de bodas. Pero sólo se montaba si entre los novios había una importante diferencia de edad o eran ya mayores y se les «había pasado el arroz» o uno de los dos era viudo o los dos.
Al principio, los meses preferidos para casarse eran noviembre y diciembre, coincidiendo con el fin de las faenas en el campo. Aunque esta tendencia cambió a mediados del XIX para convertirse septiembre en el mes preferido para celebrar las bodas.
- ¿Los noviazgos eran largos?
- Pues ni largos ni cortos, según la prisa de los novios, pero solían rondar los 3 años de duración, si exceptuamos las bodas por levirato.
- ¿Bodas por levirato?
- Sí. El levirato, ya recogido en la Biblia, casi obligaba al hermano del varón que murió sin hijos a casarse con la viuda para dar continuidad a la estirpe. Existe también la figura femenina, conocida como sororato donde el viudo debía casarse con una de las hermanas de su mujer fallecida. En estos casos, el noviazgo duraba los cuarenta y cinco días que duraba el luto. El amor ya vendría después, o no.
- ¿Algunos de los noviazgos estaban «apañados»?
- ¡Dios me libre a mí de meterme en ese jardín con la de espinas que tiene!
- Creo que otros eran epistolares y los novios casi no se habían visto alguna vez.
- Sí, solía pasar con los novios que estaban en «la Extremadura» con el ganado o con los que estaban haciendo la mili o en la capital trabajando o habían emigrado al extranjero. Este tipo de noviazgo casi siempre era entre gente del mismo pueblo y las familias se conocían desde siempre. Otros matrimonios fueron mixtos poblacionalmente. En el caso de Montejo sólo un 2% de los matrimonios fueron entre gente de Montejo con gente de Horcajuelo o Prádena bajando al 1% si era con gente de La Hiruela o pueblos más distantes.
- ¿Y esos novios de fuera eran bien recibidos en el pueblo?
- Cuando un forastero «se ponía de novio» con una chica del pueblo, los jóvenes, después de saludarle, le advertían de que aquí era costumbre que el aspirante a casado, por el privilegio de salir con una señorita de la localidad, pagase un canon que consistía en una merienda para todos los mozos solteros bajo el riego de bañarse involuntariamente en el pilón repetidas veces. Todos los aspirantes pagaron y pasaron a ser uno más del pueblo. Que luego se casara o no era cosa de entrambos.
Pero el noviazgo, de forma presencial o epistolar, para que sea oficial y ser novios formales hay que hablar con el padre de ella. Momento de mucha tensión e incomodidad que debe pasar el novio al pedir permiso para poder salir con su novia. Pero en este «mal trago» he de decir que ningún padre se ha «comido» a su futuro yerno. Tensión que más tarde se transmitirá entre los padres de los novios cuando negocien qué aportará cada familia al casamiento.
- De mi casa, una novilla y un linar junto al río.
- De la mía, una cerda preñada y la huerta de casa.
Apretón de manos y asunto zanjado.
¡Y llega el día de la boda! En los matrimonios religiosos católicos, que eran el 100% de los que se realizaban hasta la llegada de la República, a las doce en punto salía la comitiva de la casa de la novia después de haber recibido, arrodillados sobre un cojín, la bendición de los padres en presencia de sus hermanos. Ella vestida de riguroso negro y mantilla a juego. Él de chaqueta y pantalón, muchas veces de pana, que luego guardará y le servirá de mortaja en su día. No fue hasta los años sesenta del siglo pasado que las mujeres empezaron a casarse de blanco y los hombres con trajes de tela de paño.
Según el nivel económico de las familias la boda podía ser una fiesta para todo el pueblo o ceñirse al ámbito estrictamente familiar. Eso sí, casi siempre se casaban economías semejantes. O se intentaba.
Muchas veces, al intentar unir fortunas, había algún grado de afinidad o consanguinidad y era necesario pedir dispensa a la Santa Sede a través del Visitador Eclesiástico que era el que evaluaba el grado de parentesco y daba la autorización. Si las familias eran de economías solventes se solía conseguir la dispensa de forma más ágil que si se era de economía más modesta.
La boda, para los invitados, duraba un día, con su desayuno, comida y cena. Su música, el baile, parabienes y felicitaciones. Para las mujeres de las dos casas había empezado la boda hacía una semana, en la que habían preparado frenéticamente todos los platos que se iban a degustar.Y para los novios debía de durar toda la vida: Hasta que la muerte os separe. O no.
¡Cómo ha cambiado todo! Ahora si es boda civil, un juez o un concejal lee un par de artículos, da unos consejos, se firma el acta y en 10 minutos estás casado. Si es religiosa, un par de consejos más que los dados por el juez, misa, firmas y en 30 minutos ya estás casado. Lo que es común en los dos actos es el anuncio de: Estaremos con vosotros, si nos queréis acompañar en este día tan importante para nosotros, en el restaurante “El Chiribito” y no olvidéis que en el sobre está nuestro número de la cuenta corriente.
Antes no era así. A media tarde todos los convidados, y algunos curiosos no convidados, salían a la plaza del pueblo y bailaban a la novia. Es decir, se tocaban unas jotas en la plaza y la novia y la madrina bailaban con los distintos invitados. Al tiempo, alguna de las abuelas de los novios iba guardando los distintos regalos que les iban haciendo. Casi siempre eran cosas prácticas para la casa como cacharros, platos, cubiertos, algún mueble pequeño y, en función de su poderío económico, dinero. Ropa no solía regalarse pues la novia ya había empezado a confeccionar su ajuar el mismo día que su futuro marido había ido a hablar con su padre. Sábanas, toallas, manteles y servilletas, ropa personal…
- ¿Y de la «Luna de Miel» qué me puedes decir?
- Pues que por estos pueblos de la Sierra Norte hasta principios del siglo XX eran pocos los que tenían los medios o recursos suficientes para viajar. Fue a partir de 1900 cuando algunos contrayentes empezaron a ir a Madrid un par de días o tres. Y a partir de 1950 a Canarias o Mallorca. Y desde finales del siglo pasado hasta donde la imaginación y los aviones nos lleven.
- Por último, ¿cuántos hijos tenían estos matrimonios?
- Hasta principios de siglo XX, muchos.Y no es porque no tuvieran televisión o internet. Lo que pasaba era que también se morían muchos en su infancia. Las partidas de mortandad así lo reflejan. En los libros de difuntos encontramos muchas familias en las que nacían ocho niños o niñas y morían seis antes de los 10 años.O familias que bautizan un par de veces a hijos con los mismos nombres porque sus hermanos habían muerto un par de años antes. Las vidas de nuestros abuelos eran más cortas que las que vivimos ahora.
A medida que el tiempo pasa cambian mucho las cosas. La alimentación, la higiene, el trabajo de sol a sol, el deporte, la sanidad, la medicina, los transportes y aquellas bodas. ¿A mejor o a peor? Diferentes. La historia y los que vengan juzgaran. Nosotros hemos vivido algo y lo contamos. O no.
Rafael de Frutos Brun
Montejo de la Sierra
Junio 2025
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