María Acaso sugiere, entre las líneas de su obra Pedagogías invisibles, que cuando un docente advierte que algo tan aparentemente insignificante como dejar una puerta abierta o cerrada puede transformar radicalmente lo que sucede en el aula, es porque las pedagogías invisibles han comenzado a formar parte esencial de su experiencia.
Comprender la educación desde esta perspectiva implica un cambio profundo, ya que deja de concebirse únicamente en términos de enseñanza para pensarse en términos de aprendizaje. Esta nueva mirada transforma el aula en un espacio de creación compartida, un lugar donde docentes y estudiantes se convierten en maestros alfareros que dan forma, juntos, al proceso educativo. Un juego de creación que transita del giro de la producción artesanal al de la creación artística: un simple movimiento de manos que moldea una vasija robusta, repleta de saberes complejos.
Este enfoque nos invita a reflexionar sobre nuestra relación con el pensamiento. Pero, ¿qué hacemos hoy con nuestro pensamiento? Esta pregunta, que se plantea como un desafío difícil de responder, nos lleva a reconsiderar no solo el entorno que nos rodea, sino también nuestra manera de interactuar con él. A este respecto, me serena pensar que la humanidad tiene la capacidad de encontrar la belleza en los pequeños momentos, de redescubrir la frescura de un mundo tal como lo experimentábamos en nuestra niñez. Ese retorno a la infancia, que a veces se vive con el estreno de un mundo nuevo, un mundo que, con el tiempo, hemos ido hemos ido haciendo nuestro y que, siempre, nos puede sorprender.
Y así, abriendo un pequeño paréntesis en esta reflexión, llegan los protagonistas de esta historia: el pensamiento y la educación. Dos amantes que, hace años, se dieron la mano, en silencio y a escondidas, con el deseo de que su amor fuera sempiterno. Recordemos que de ese enlace surgieron todos los saberes. Hablamos de una línea de relieve, del perfil del océano o de una cartografía sin época, sin reinado y sin civilización. Continuamos con la epistemología racionalista, hacemos un alto en la fenomenología de la percepción y presentamos el libre albedrío como primera y única opción. Después llegan las letras, y con ellas, la narrativa sale del cajón. Llegan los héroes y los villanos, la prosa poética y la tradición. ¡Cuánta alegoría! ¡Demasiada emoción! Entonces irrumpe en la sala y se abre el telón para la perspectiva aérea, el punto de fuga de Brunelleschi y el sfumato de Da Vinci, con su suave perfección. Y es aquí donde todo encaja, es aquí cuando todas las áreas del conocimiento se ponen de acuerdo para concluir que, para mantener viva la llama de aquella vieja alianza entre el pensamiento y la educación, son necesarias la belleza, la cordura de la palabra y la pasión.
Agradecimientos.
El pasado 8 de abril, Prádena del Rincón acogió a un grupo de docentes procedentes de distintos centros educativos, destacando las localidades de Bustarviejo, La Cabrera, Lozoyuela, Miraflores de la Sierra, Guadalix, Buitrago de Lozoya, Alcobendas y San Sebastián de los Reyes. Entre los asistentes se encontraban seis maestros de educación primaria y diecinueve profesores de secundaria representando diversas áreas de enseñanza, como geografía e historia, música, dibujo, tecnología, lengua y literatura, filosofía, entre otras.
El propósito de este encuentro tenía como objetivo ofrecer a los docentes una formación diferente, fuera de las aulas y en un entorno que propiciara un encuentro cálido y cercano. Bajo este pretexto, la jornada se estructuró en distintas fases: una visita guiada a la iglesia de Santo Domingo de Silos, una ponencia a cargo de un historiador invitado y, para finalizar, un debate filosófico en torno a tres cuestiones: pensamiento, tiempo y afectos.
De lo ocurrido en dicha jornada, destaca el debate final, que propició el intercambio de ideas, buenos propósitos y deseos entre los docentes, quienes hablaron de esa profesión que aman por encima del uso y desuso de sus normas de aplicación.
Agradecer a Sergio Riesco, profesor de Historia Económica en la Universidad Complutense de Madrid, y a Ángel Luis Sobrino Vegas, asesor de Humanidades la coordinación y buena disposición para llevar a cabo este encuentro.
A José Manuel Encinas, historiador y maquetador, por su maravillosa ponencia.
Y, por supuesto, un agradecimiento muy especial para todos los docentes que escogieron Prádena del Rincón como lugar para intercambiar cultura, época, educación y bienestar. Gracias por tantos afectos.
Carolina Olivera
Técnica de Turismo en Prádena del Rincón

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