23 DE ABRIL, DÍA DEL LIBRO

Imagínense a un hombre ocupado, archiocupado, el príncipe de los ocupados, el rey de nuestros ocupados tiempos. Tras muchas horas de trabajo, se precipita hacia su móvil y consulta su instagram, Tik Tok, WhatsApp, Linkedin, resuelve su palabra del día y acaba muerto en un sofá. Este hombre tan ocupado nos dirá qué no tiene tiempo para leer o qué leer es aburrido y requiere el esfuerzo de crear imágenes con las palabras. Este hombre no escucha a su hijo cuando le cuenta que Roald Dahl fue piloto en la segunda guerra mundial y que escribió libros fascinantes como Charlie y la fábrica de chocolate, los Cretinos, Las Brujas o El Dedo Mágico. Su mujer que, aunque trabaja 8 horas en un hospital, hace la compra, cocina, limpia y es amable tiene tiempo para leer, acude a un club de lectura que hay en su barrio. Han leído a kafka, Unamuno, García Márquez, Brenda Navarro, Ana María Matute, José Saramago y un montón más de buenos escritores. 

La señora Bovary de Gustave Flaubert, era una mujer muy lectora capaz de pensar y decidir por sí misma. Un día su suegra le dijo a su marido, que la lectura era mala para ella y fue a la librería a prohibir que le vendieran más libros.  En “Fahrenheit 451” la lectura se ve como una amenaza para la paz social, en “1984” de George Orwell manipulan las lecturas, en “Un mundo Feliz” no es necesario prohibir la lectura, la sociedad está diseñada para que nadie desee leer. En todos los casos el control social impide a los ciudadanos acceder al conocimiento mediante la lectura y desarrollar así la capacidad de reflexión y critica necesaria para no votar a esos políticos que quieren gobernar mientras hacen negocios y promueven guerras.

¿Qué sería de nosotros si en medio de esta crisis humanitaria, en medio de esta guerra cruel e interesada no supiésemos quién la ha iniciado, quién la mantiene y quién es el responsable de tantas muertes y tanta destrucción? ¿Si no leyésemos la noticias y fuésemos capaces de preguntarnos por qué un loco imperialista empieza una guerra para alcanzar la paz?

Hablábamos de libros y como no sé hasta que punto la imaginación es distinta de la mentira, os voy a contar un cuento: En un país lejano vivía un ogro pelirrojo que se comía a los niños y especialmente a las jovencitas, controlaba toda la comida del castillo y deportaba a todos los que no tenían el sello de calidad en el antebrazo. No había una pizca de bondad en su mirada, actuaba como si el mundo fuera suyo y su sentencia era “esto me gusta esto no me gusta”. Un día se cargo todas las desaladoras de un país que le caía mal y acabo raptado a los nietecitos de un hombre bueno que trabajaba en un país latino. El abuelo indignado llamó a todos sus vecinos: el burro francés, la cabra china, los gatos cubanos. Unidos, partieron en busca del ogro pelirrojo (al que llamaron Verlioka, recordando un cuento que leían de pequeños). Entre todos le tendieron una trampa y acabo en la marmita, llena de avispas salvajes. Quedaron tranquilos, comiendo guisantes sin temor a los ogros, ni a los presidentes. 

Seamos lectores y no leedores como decía el poeta Pedro Salinas, o más bien lectores y no zombis digitales como hubiera dicho mi abuela. Repetimos poema para celebrar el día del libro.

Mis libros (que no saben que yo existo)
son tan parte de mí como este rostro
de sienes grises y de grises ojos
que vanamente busco en los cristales
y que recorro con la mano cóncava.
No sin alguna lógica amargura
pienso que las palabras esenciales
que me expresan están en esas hojas
que no saben quién soy, no en las que he escrito.
Mejor así. Las voces de los muertos
me dirán para siempre.

Poema «mis libros» de Jorge Luis Borges

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