P.L. Sierra Norte de Madrid.
Hoy hace dos meses que mi hermana y yo nos despedimos con un «Nos vemos luego en casa». Ese día no regresó y tras un mes de agonía en el hospital, murió víctima de suicidio.
Mi hermana, elegida, había solicitado plaza un año antes en un grupo de terapia especializada en su diagnóstico psiquiátrico. Lo hizo tras un primer ingreso voluntario en una planta de agudos de psiquiatría por riesgo importante de suicidio. En el momento de nuestra despedida aún no había dado comienzo la terapia especializada. Sí había recibido mucha medicación que le provocaba amnesia (así no se puede avanzar recuerdo escucharla decir al respecto) dificultaba actividades básicas de la vida cotidiana, anulaba la expresividad de su rostro y producía embotamiento emocional sin conseguir reducir su sufrimiento y ansiedad.
Voy a repetirlo: un año, riesgo importante de suicidio. ¿Imaginan no estar recibiendo al año de detección de un cáncer agresivo una terapia especializada?
Nueve meses después de aquel primer ingreso intentó quitarse la vida. Fue un intento grave al que sobrevivió y tras el que pidió ser trasladada a un centro hospitalario especializado en su dolencia mental. En lugar de ello ingresó de nuevo en la planta de agudos, la cuarta planta como la llaman quienes la conocen.
Al ingresar en la cuarta planta debes entregar tu documentación, dinero, tarjetas… a un guarda jurado y toda tu ropa a una auxiliar. Tus pertenencias te son entregadas provisionalmente en las dos horas de visitas y solo en caso de que estés acompañada. Se limita el uso del móvil, hasta un par de horas al día, ingresas en pijama y en una silla de ruedas que no necesitas. La tableta de chocolate que le habíamos comprado no estaba permitida. Las ventanas no pueden abrirse, tampoco la puerta que comunica la planta con el exterior (solo puede hacerlo el personal). El primer día se escuchaban los gritos de angustia y desesperación de un hombre. El segundo día ya no. Me enteré, por su familiar, que lo tenían atado para medicarle. Contención física y química se llama.
Conozco a varias personas a quienes ese lugar les ha ayudado a salir adelante. Y a otras que han estado allí hasta 20 veces sin resultados. Mi hermana, con claustrofobia, vivía aquello como una cárcel inútil y degradante que no soportaba.
Mientras ella aún estaba en la cuarta planta escribí a su centro de salud mental, preguntando por los recursos de apoyo a la salida. Respondieron que tendría acceso a recursos especializados en suicidio y que no dejara de asistir a sus citas aunque recurriese a terapia privada. En terapia privada y seguimiento en psiquiatría llevaba ya tiempo.
Asistimos a todas las citas. Una vez al mes en psiquiatría. Dos citas con la trabajadora social, que desestimó uno por uno todos los recursos por los que preguntamos: centros de día, mini-residencias, internamiento hospitalario especializado… O no los consideraba adecuados, o se habían cerrado las puertas tras el intento de suicidio o estaba demasiado mal y tenía que prepararse para aguantar un internamiento hospitalario. No recuerdo qué respondió cuando le pregunté cómo podía preparase, sí que tenía que hacerlo por su cuenta. Ni rastro de los recursos especializados en suicidio. Cuando mi hermana le dijo que pensaba en el suicidio todos los días la respuesta fue eso díselo a la psiquiatra.
Pregunté también por lugares donde pudiera hacer un voluntariado que aportara sentido a su vida (mi hermana había trabajado como profesora de español en India), grupos de apoyo de sobrevivientes de suicidio que pudieran darle esperanza, cualquier recurso que pudieran ofrecernos… no supo decirnos y no nos dio ninguna otra cita. Aún recuerdo la expresión de mi hermana al salir de allí diciendo: no hay recursos para mí.
Una residencia privada de régimen abierto tenía un coste de 2.000€/mes. No admite a personas con ese grado de riesgo.
La psiquiatra nos informó de que el recurso adecuado para ella era lo que llaman una hospitalización domiciliaria: la visita a domicilio de psiquiatra y enfermera para un tratamiento intensivo, incluyendo a las personas convivientes. Pero ese es un recurso no disponible en la zona en la que vivíamos: la sierra norte de Madrid.
Durante los tres meses que estuvo en casa sabíamos del riesgo porque lo expresó a personas cercanas y a las profesionales de salud mental. Yo hice uso varias veces del teléfono de atención al suicidio (024), escribí en varias ocasiones al centro de salud mental, hablé con las profesionales ante un riesgo cada vez mayor. La última vez el mismo día en el que mi hermana ya no aguantó más. Hay personas que definen la muerte por suicidio como muerte por agotamiento.
Es difícil describir la angustia, la impotencia, el desamparo de aquellos días. Como lo es hablar del dolor, la tristeza o la frustración de estos ahora que ella nunca va a volver a casa y yo peso 8 kilos menos.
En esos meses la Mancomunidad de Servicios Sociales de la Sierra Norte de Madrid lanzó una encuesta sobre el suicidio que cumplimenté y envié en su momento. Les escribí también pidiendo ayuda y preguntando por los recursos disponibles en la sierra. Ninguno. Me remitieron al 024 y al hospital.
No puedo saber si, de haber contado en el momento en que salió del hospital con una hospitalización domiciliaria, mi hermana continuaría con vida. O si podrían haberla ayudado a prepararse para entrar en un centro especializado en el que recuperarse. Es una de las muchas preguntas que quedarán sin respuesta. Lo que sé a ciencia cierta es que no tuvo esa oportunidad por vivir en la Sierra Norte de Madrid.
Hoy hace dos meses que mi hermana y yo nos despedimos con un «Nos vemos luego en casa». Tras un mes de agonía en el hospital, murió víctima de suicidio. En realidad su muerte comenzó mucho antes, estigmatizada socialmente y desamparada por los servicios de salud mental de la Comunidad de Madrid.
Señores, señoras de la Mancomunidad de Servicios Sociales de la Sierra Norte, las víctimas de suicidio triplican a las de los accidentes de tráfico. Además de encuestas y comisiones, hagan algo al respecto. Y háganlo ya. Salven de verdad vidas.

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