AVES DE LA SIERRA NORTE. EL AZOR COMÚN

En los bosques existen aves misteriosas, a las que es difícil ver. Y pueden tener buen tamaño pero son muy esquivas, silenciosas y perciben a un intruso mucho antes de que éste pueda localizarlas. Es el caso del Azor común (Accipiter gentilis), ave de sobra nombrada y conocida. Hace bastantes años vi un documental centrado en el azor y llamó mi atención una de sus grandes capacidades: la de perseguir a sus presas a través de la densa foresta, esquivando árboles con increíbles maniobras hasta capturarlas, en aquellas imágenes a un hábil volador como el arrendajo. Es muy agresivo y excelente predador, pudiendo capturar animales de mayor tamaño como liebres o mustélidos. 

En esta especie el dimorfismo sexual es muy acusado, siendo la hembra considerablemente más grande que el macho. Éste es de plumaje gris oscuro en la zona dorsal y blanquecino con fino barrado transversal en el pecho y parte interna de las alas; mientras que la hembra es más parda en el dorso y en la parte delantera el barrado es más ancho. La cabeza de ambos es muy oscura aunque la del macho más contrastada y ambos sexos poseen una línea superciliar (ceja) muy marcada de tono blancuzco, que les llega hasta la nuca. El pico es negro azulado, los ojos de color anaranjado y las largas patas amarillas terminadas en poderosas garras. Los jóvenes de tonos más apagados, se parecen más a sus madres. El tamaño oscila entre los 49-50 cm de ellos a los 56-58 de ellas y la envergadura de 89 a 122 cm. En vuelo su silueta es inconfundible, ya que se aprecian las alas relativamente cortas, anchas y redondeadas y la cola muy larga, características que le permiten adaptarse muy bien a esquivar obstáculos.

Es una rapaz típica de la masa forestal aunque no tanto como su primo el Gavilán. Debido a su mayor tamaño y peso, el azor también explora los claros y lindes de bosques, donde existen mayor variedad de presas incluyendo mamíferos y reptiles. Aquí utiliza también la técnica del planeo, divisando a sus víctimas desde arriba y, lanzándose sobre ellas con picados aprovechando la inercia debido a su peso. Aunque su dieta es mayoritariamente ornitófaga, con su principal arma que son sus poderosas garras puede llegar a enganchar hasta córvidos grandes. En nuestro país está bien distribuido aunque sus poblaciones son más abundantes en el norte, siendo muy escaso en los valles del Ebro y Guadalquivir, el sureste peninsular y zonas del sur de la Meseta. Ausente en ambos archipiélagos, Ceuta y Melilla. El Azor es un ave residente pero realiza desplazamientos en invierno a zonas de menor altitud y con mayor disponibilidad de alimento. Incluso algunos ejemplares de lugares muy septentrionales de Europa pueden alcanzar nuestro territorio, incrementándose su población durante los meses más fríos.

Unas semanas antes de la llegada de la primavera, a partir de febrero, esta rapaz comienza su periodo reproductor. El macho empieza a estar más activo, transportando ramitas para construir el nido. Unos días después cuando lo ha terminado, se exhibirá realizando picados para llamar la atención de alguna hembra, emitiendo su canto: pjiiia-pjiiia, rematado con un kha-kha-kha. Al consolidarse los lazos entre ambos, ella le ayudará sobre todo en el revestimiento interior del nido, utilizando ramas más frescas. Sin embargo si son parejas de años anteriores se invierten los roles, ya que tras el reencuentro será ella la que trabajará más en la reconstrucción del nido. Durante este periodo son frecuentes las cópulas y en el comienzo de la primavera la hembra pondrá tres o cuatro huevos, que incubará durante un mes aproximadamente. En los primeros días él la relevará de forma frecuente y según avance la incubación se encargará exclusivamente ella, aportando el macho la comida. Los pollos nacerán de forma brevemente escalonada: en los primeros días su madre estará siempre con ellos; cuando llegan a los 15-20 días ya tienen capacidad para despedazar la carne y comienzan a estar más tiempo solos, para que vayan adquiriendo habilidades sobre todo a partir de los 25-30 días, cuando comienzan a deambular cerca del nido. Los primeros vuelos los realizan antes los machos debido a su menor peso y tamaño, alrededor de las siete semanas de vida, las hembras lo harán una semana más tarde. Dependerán de sus progenitores otras 7 u 8 semanas. Transcurrido este tiempo iniciarán la dispersión y su vida divagante cesará a los dos o tres años, cuando sean adultos y encuentren algún territorio para  criar.

Este ave forestal no se encuentra amenazada, figurando con la categoría de Preocupación Menor en la Lista Roja de las Aves de España. Las bajas en sus poblaciones se deben sobre todo a muerte por disparos en zonas cinegéticas, expolio de nidos para la cetrería, abundantes casos de electrocución y la mala gestión de los bosques, causando incendios que alteran su hábitat y talas que lo reducen. Cuidar y proteger al Azor supondrá la conservación de uno de los mejores predadores y extraordinario volador

Feliz Año 2026 para todos los lectores de Aves de la Sierra Norte. Gracias por leer mis textos

Miguel Ángel Granado (Coordinador Grupo Local SEO-Sierra Norte) 

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