Rosa Ortega Serrano
Las Navidades: las tuyas, las mías, las que vivieron nuestros padres, tan lejanas, tan iguales. Las odiamos o las amamos, pero nunca nos dejan indiferentes. Crean comunidad o la destrozan hasta el año próximo. Son un acontecimiento económico, religioso y/o social. Los últimos años también de contaminación lumínica. Con esas ciudades y pueblos tan iluminados ni la luna se atreve a salir, se esconde en las montañas esperando a los reyes magos. Los alcaldes nos muestran su reluciente satisfacción y nosotros, los personajes del Belén salimos más contentos de casa, incluso en los pueblos donde las casas están vacías. Consumimos, viajamos y siempre es de día, parecemos eternos. Teniendo en cuenta que el calentamiento global es un hecho y que la tendencia debe ser hacia un desarrollo más sostenible, mi pregunta sería ¿podemos dejar de intentar luchar contra la oscuridad y permitir que nos invada la noche, viviendo el invierno como una estación de espera y recogimiento? ¡Antes la Navidad era una fiesta popular, con tendencia a lo familiar, lejos de la propaganda política y la especulación hotelera! Solo Madrid enciende 13 millones de bombillas. En la Cañada Real viven a oscuras entre 4000 y 4500 personas, desde hace más de cinco años, ¿es posible que ellos vean iluminado su futuro?
A veces no somos malos o perversos deliberadamente, simplemente no pensamos. Esto que los sabios llaman “la banalidad del mal” es nuestro eterno virus, el más peligroso. Dejamos de pensar y ya no habrá juicio, todos como borregos siguiendo la senda que nos marquen.
Creo que hoy no estoy “ungida” o bendecida por el espíritu navideño. Volveré a leer a Dickens. Ese personaje anciano y amargado, que solo cree en el dinero y a quien la víspera de Navidad se le aparece un fantasma que le muestra sus Navidades pasadas, presentes y futuras, es decir le muestra su propia muerte. Como es un cuento, el viejo Scrooge descubre que está a tiempo de cambiar y se convierte en un hombre bueno. Mi deseo para el próximo año es que los gobernantes, los poderosos , los superricos, los que se creen importantes, los abusadores, los machistas, los intolerantes, los que creen saberlo todo, los que no dudan, los explotadores, los racistas, los salvadores de la patria, los maltratadores, los necios….y todas las malas gentes del mundo, se esfumen sin dejar rastro o se les aparezca un fantasma.
A ustedes, queridos lectores de Senda Norte les deseo que pasen estos días en buena compañía y que el año 2026 les depare muchas alegrías.
Manuel Mata Piñeiro es un autor multidisciplinar, de origen gallego nacido en 1992. Actualmente reside en Madrid
La injusticia
En una tienda en navidad arranqué sin ningún motivo
la mano de una figurita del niño Jesús
y luego mi padre robó sin ningún motivo en la misma tienda
el mismo niño Jesús sin darse cuenta de que
estaba roto y me lo mostró diciendo
oh qué pena le falta una mano
y entonces yo me la saqué del bolsillo
y la deposité tan pequeña sobre su palma
y pareció magia.

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